Amor por los libros

Por Moisés Gómez

Estaba el otro día revisando que mi hijo Dante estuviera bien durante su tiempo en silencio (quiet time) y al entrar a su recámara lo encontré leyendo sus libros tan absorto que nunca supo que yo estaba allí observándolo —así como está en la fotografía que adorna este blog—. Pude capturar esta imagen porque para mí fue muy significativo ver cómo nuestros esfuerzos, de mi esposa y mío, sobre cultivar buenos hábitos en nuestros hijos, estaban rindiendo frutos.

Dante tiene cuatro años y, al igual que su hermano Rafael, su pasión por los libros es impresionante. Amalia, de un año ya, comienza también a sumergirse en los libros adecuados para su edad —pasta gruesa y de material rígido por si acaso se los quiera comer o romper las páginas [risas]—.

Mientras veía a Dante leer me puse a pensar en todo lo que mi esposa y yo hemos aprendido sobre la paternidad y los buenos valores que hay que inculcar en nuestros hijos. No somos perfectos y a veces la regamos, y feo; sin embargo, cuando vemos recompensas como ésta nos damos cuenta que nuestra inversión está dando frutos.

Nos decía la anterior pediatra de nuestros hijos, la doctora Sexton, que ellos ‘debían vernos leer para que encontraran en la lectura placer’. Así es que cada noche, antes de dormirse, mi esposa toma un par de libros y nos sentamos en la sala a leer. Posteriormente, toma la Biblia para niños y les lee una historia bíblica y por último oran y ella les canta la bendición. Vaya inversión, ¿no crees?

También, reflexionaba sobre la importancia que era conversar en familia y la dinámica que tenemos a la hora de cenar y compartir lo que hemos hecho durante el día. Rafa tiene la tarea de hacer una pregunta de unas tarjetas que mi esposa compró para iniciar conversaciones con nuestros hijos y todos debemos contestarla. Durante ese momento en la mesa de nuestra casa hemos ido conociendo un poco más a nuestros hijos. Al principio a Rafa le daba tanta flojera —natural—, pero ahora él solo va a escoger la pregunta de la noche. ¡GENIAL!

Y pudiera seguir contándote todo lo que en esos cuantos segundos viendo a mi hijo leer estuve pensando, pero creo que te comenzaría a aburrir. Lo que sí quiero decirte es que vale la pena invertir en los buenos valores en nuestros hijos. No pretendo darte una imagen de que somos una familia ejemplar o perfecta; solo quiero mostrarte que sí se puede lograr formar hijos de bien que en un futuro darán buenas recompensas a tu inversión.

Por eso, en este tiempo en el que OBLIGATORIAMENTE estaremos refugiados en casa por causa del Coronavirus, te invito a que inviertas en tus hijos. Ya lo sé, se requiere de mucho esfuerzo y creatividad, pero créeme, los resultados son altamente satisfactorios. Si eres de los papás que prefieren darles el celular o cualquier dispositivo electrónico, detente a pensar un poco en eso y cámbiales la soledad que generan esos aparatos por tu preciada compañía.

Te invito a que lean, y lean mucho ¡JUNTOS! No hay nada mejor que lo que se hace en familia. Incentívalos a hacer un quiet time para que ellos pongan en práctica sus habilidades y tú puedas descansar un poco.

En fin, pudiera seguir y seguir, pero como me dijo una vez un buen amigo mío: «Tú escribes mucho y por eso casi no te leo». Así es que, por eso, aquí terminaré mi columna.

Gracias por leerme. Te dejo porque ya mis hijos me están esperando para jugar a las escondidas…

Para servir…

‘Acapulco de mis amores’

Por: Moisés Gómez

Estaba el otro día viendo un video del mar y recordé con nostalgia el lugar donde nací: Acapulco, Guerrero, México.

Tengo casi cuatro años que no voy, y 23 de ya no vivir allí; y, aunque debiera de ya no extrañarlo, sigo anhelando volver de vacaciones para visitar viejas amistades y, sobre todo, nadar en sus azules playas del pacífico.

En Acapulco nunca hace frío. Es uno de los destinos turísticos que todos los que vivimos en tierras gélidas deseamos visitar en la época de invierno. Es tanta la historia de este paradisiaco lugar —películas, romances, etc.— que aún y cuando es uno de los lugares más violentos en México, el turismo sigue llegando y enamorándose de sus playas, comidas y gente.

Acapulco lo llamo como muchos de los que han crecido allí lo llaman: «Acapulco de mis amores». Pero ese amor queda solo en el recuerdo y la nostalgia porque desde hace muchos años que dejó de ser mi hogar.

Yo salí de allí a la edad de 17 años (Ver: De migración y otras cosas); y ya tengo 40. Tengo en Minnesota los mismo años que tengo de casado, ocho; y considero este hermoso estado como mi hogar. De aquí es mi esposa, aquí nacieron mis tres hijos, aquí encontré una linda iglesia y grandes amigos. Aquí fue donde Dios ya me tenía destinado vivir.

¿Y por qué escribo estas líneas? He estado siguiendo de cerca el caso del joven hondureño Armando Miranda, quien enfrenta una orden de deportación, pero que por la intervención de políticos, sus abogados, la iglesia y su esposa Mirna, pudieron lograr un amparo de seis meses para que él continúe en este país viendo por la salud de su primogénito, Jairo.

Armando me ha enseñado que nunca hay que rendirnos. Siempre hay que pelear hasta el último minuto. Armando tiene 14 años —o más—, viviendo en Minnesota y, aunque como yo, él seguramente extraña a su «amada Honduras», su hogar es aquí en esta tierra vikinga. Aquí es donde conoció a su hoy esposa con quien tiene dos hermosos hijos. Aquí es donde creó su primer compañía para poder trabajar con dignidad y de acuerdo a la ley. Aquí fue donde su corazón encontró el amor de Dios y tomó la decisión de aceptarlo y hacer de su hijo, Jesucristo, su Señor y Salvador. ¡Aquí!

Como migrante me siento identificado con Armando porque yo también decidí dejar mi terruño para seguir a la que hoy es mi esposa. He abrazado esta cultura, me he aferrado a ella y no deseo soltarme. Creo que los millones de inmigrantes que cohabitan en suelo estadounidense concidirán conmigo.

Deseo que la situación de Armando se resuelva. Deseo que la condición médica de Jairo se sane. Deseo que Estados Unidos pueda realizar una reforma migratoria que mantenga unidas a las familias y no que las disgregue. Deseo que todos cumplamos la ley y que nadie esté por encima de la misma. Deseo que Dios vuelva a ser el centro de esta gran nación.

Pero, mientras todos esos deseos, vanos si así los quieres llamar, se cumplen, espero que tú y yo contribuyamos a construir una mejor comunidad, un mejor estado, un mejor país y un mejor mundo.

Nos leemos en la próxima. Me despido con la frase que usa mi papá cuando responde al teléfono: ¡PARA SERVIR!

Tu amigo: Moy.

De migración y otras cosas

Viajaba el otro día a Ciudad Acuña, Coahuila, en México, cuando me di cuenta que mi corazón palpitaba cada vez más fuerte mientras me acercaba a la frontera con mi país natal. Fue una sensación indescriptible, pero que seguramente aquellos que han viajado a su país de origen saben a lo que me refiero.

Estando en México pude seguir el peregrinar del contingente Centroaméricano con su sueño utópico de llegar a la tierra prometida. Fue mientras veía las imágenes de lo que algunas personas de este movimiento están ocasionando en mi país, México, que recordé sobre los movimientos migratorios que a través de la historia se han vivido (ver Grandes migraciones de la historia. Hacia la tierra prometida)

Yendo más allá, comprendí que en un momento dado yo tuve que hacer mis propias migraciones. A los 17 años emigré de mi ciudad natal, Acapulco, en el estado de Guerrero hacia el noreste de México. Mi llegada fue a Morelos, Coahuila, donde viví dos años; posteriormente emigré a Piedras Negras, del mismo estado, donde viví otros dos años. Fue en el 2001 cuando fuí a vivir a Saltillo, Coahuila, donde recibí mi educación universitaria y mi entrada al campo del periodismo. Emigré a Monterrey, Nuevo León donde ejercí mi profesión por siete años antes de conocer a la que es mi esposa, Minda. Fue cuando tuve que tomar la decisión más importante sobre mi propia migración —y lo digo porque hasta ese entonces solo lo había hecho dentro del territorio mexicano—. Fue el amor hacia mi esposa que me llevó a emigrar a los Estados Unidos. Han sido siete años ya los que he vivido en este país, tratando de hacer todo lo correcto —de acuerdo a las leyes del país de las barras y las estrellas—y gozando del amor y cobijo de una nación que también se ha forjado con migrantes.

Vivimos en un estado el cual fue invadido por la migración masiva de los Vikingos que salieron en una expedición de exploración y conquista, mucho antes de lo que conocemos como el “descubrimiento de América”, y desde ese día, y hasta hoy, Minnesota sigue nutriéndose de las nuevas generaciones de esos migrantes, pero también de los que pisan por primera vez tierras vikingas.

Así es que, bajo esta reflexión, pude comprender que en la vida seguirá habiendo numerosas migraciones buscando la “tierra prometida” y que yo he sido parte de ello. A la reflexión personal que llego es que, como migrante de un país al cual ahora le rindo honores (EE. UU.), mi deber es y será siempre conservar el privilegio de ocupar un espacio en este territorio mientras me conduzco hacia la morada eterna donde nunca más me consideraré un migrante.

Para servir:

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Diciembre 2015

Por: Moisés Gómez.-

Siempre que una iglesia me da la oportunidad de tomarle una fotografía de grupo, disfruto, detrás de la lente de mi cámara, a cada una de las personas que asisten a esa congregación y que son parte de la gran familia de cristianos alrededor del mundo; familia a la cual también yo pertenezco.

Tal es el caso de la Primera Iglesia Bautista de Renovación [foto arriba], ubicada en la ciudad de St. Paul, Minnesota y que recientemente celebraron sus 12 años de existencia.

Allí, mientras les pido que sonrían para la foto, viene a mi mente la forma tan generosa que han mostrado a mi persona y a la revista, bendiciéndome no solo económicamente, sino creando un ministerio exclusivo para repartir la revista en el área de St. Paul y sus suburbios.

En en cada click que le doy a mi cámara, retumban en mis oídos las palabras del reverendo Alberto Vargas acerca de la unidad: «La unidad, para mí, la explico de la siguiente manera. Si tu necesitas unas sillas para un evento que vas a tener, y yo las tengo, te las presto».

Y es muy probable que a este pensamiento antes mencionado, que he parafraseado, le falten elementos que se han ido perdiendo en mi decrépita memoria, pero la escencia se ha quedado grabada en mí.

Gracias pastor, gracias iglesia, gracias a todos los que han hecho posible Sal y Luz en estos tres años.

Con esta edición, se termina un ciclo para la revista, y en el 2016 comenzamos con una nueva plataforma de mayor alcance no solo en el estado, sino en el país y más allá.

Yo sé que la visión no la comparten todos, sin embargo, me uno al pensamiento del reverendo Samuel Rodríguez, que dice: «El día que comprendamos que la UNIDAD y el TRABAJO en EQUIPO son la base del éxito en el Reino de Dios, ese día, la iglesia de Jesucristo comenzará a caminar a través de la agenda del Cordero.

Para servir.

Moisés Gómez

Noviembre 2015

Por: Moisés Gómez.-

Estaba el otro día meditando sobre lo que iba a escribir en esta edición cuando de repente me llegó a mi e-mail esta fotografía [arriba].

Era nada más y nada menos que Ian, el hijo de mis amigos Pedro y Carmen.

Que alegría tan inmensa me produjo el ver esta foto tan tierna y comprender que Dios hace milagros tan bellos como este pequeñito.

Trajo a mi memoria la vez que tuve a mi hijo en mis brazos y me di cuenta que ahora yo era responsable de esa personita.

¿Cuántas veces nos olvidamos de las cosas que nos dan felicidad por afanarnos de lo que es vanidad? Nos pasamos la vida buscando debajo de las piedras lo que nos genere un instante de alegría, sin darnos cuenta que todo lo que nos hace únicos lo tenemos frente a nosotros.

No hay mejor reflexión que la que genera un recién nacido. Esa paz, la misma paz divina, reflejada en su rostro, me demuestra que en los brazos de Dios puedo descansar y ser yo mismo.

Al ver esta foto, contemplo la vida misma forjándose un nuevo desafío: crecer en el camino del bien.

Es en ese camino en el que quiero yo andar, en el que mis pasos me lleven al final deseado: al lado del mismo creador del universo, a Dios.

Gracias Pit por regalarme unos momentos invaluables de catarsis al ver a Ian en esa peculiar vestimenta. Desde aquí bendigo la vida de este pequeño, que a tan poco tiempo de nacido, ya ha impactado mi vida.

Gracias a todos los que hicieron posible esta edición. Te invito a que recorras sus páginas y

honres leyendo a todos los que se tomaron su tiempo para escribir palabras que nos hagan ser mejores personas.

Con mucho cariño.

Moisés Gómez

Octubre 2015

Por: Moisés Gómez.-

¿Alguna vez Dios te ha sorprendido? A mí sí.

Una de esas inumerables sorpresas fue la que me dio la Primera Iglesia Bautista de Renovación, que pastorea el reverendo Alberto Vargas, al ofrecer su ayuda incondicional al ministerio de la Revista Sal y Luz.

Cabe mencionar que me conmoví, al igual que mi esposa, al recibir esa llamada por parte de la secretaria de la iglesia; y es que no me esperaba tan noble gesto por parte de nuestros hermanos en Cristo de esta congregación, sin pedirme nada a cambio.

Desde aquí quiero decirles que me siento súmamente agradecido con Dios por tan enorme muestra de amor y servicio hacia mi persona y hacia el ministerio de Sal y Luz.

Que Dios los bendiga enormemente.

¡Sorprendidísimo! al saber que mi amigo Pedro Contreras y su esposa Carmen están esperando a su primogénito [foto de arriba]. Sé cuánto han anhelado a este pequeño y todo lo que les costó poder llegar a este momento. El nacimiento de Ian es una prueba más de que Dios está en control de todo.

Y pudiera continuar con más sorpresas que Dios me ha dado, pero esas las conservaré en mi baúl de los recuerdos.

Quiero cerrar esta columna citando Gálatas 6:9

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos».

Qué disfrutes de esta edición que fue creada para glorificar a Dios y traerte unas palabras que cambien tu vida y transformen tu corazón.∞

Septiembre 2015

Por: Moisés Gómez.-

Estaba el otro día recordando la celebración que mis hermanos y yo preparamos para agradecer a Dios por los 50 años de matrimonio de mis padres y de cómo ellos han sabido superar las pruebas al paso del tiempo. De pronto, se vino a mi mente los votos que le prometí a mi esposa hace ya tres años y medio atrás y de lo costoso que es cumplirlos al pie de la letra.

Sin embargo, son esas palabras dichas en el altar las que permanecen vigentes en mi corazón y que me permiten superar los momentos de conflicto con mi esposa.

Cuánta razón tenía mi cuñado Silvestre cuando tituló el sermón que predicó en el culto de acción de gracias de mis papás: «Medio siglo de amor, la mejor carta de presentación», porque me recuerda que el amor en el matrimonio debe durar toda la vida.

Desde esta columna felicito a mis padres por sus ya 51 años y el ejemplo que significa para mí su largo caminar juntos. Dios les otorgue larga vida.

Cambiando de tema, espero que usted haya disfrutado el verano tanto como yo y que conserve bellas memorias con su familia, su esposa[o], sus hijos, amigos, iglesia, etc. De lo que yo guardaré en mi recuerdo será el haber podido visitar mi bello Acapulco, Guerrero; hoy avasallado por la delincuencia organizada y se ha convertido en el lugar más violento en toda la República Mexicana.

Les pido que oremos por esta ciudad y por todas las comunidades que sufren de inseguridad a causa de la violencia y de las causas injustas. ∞

Moisés Gómez

Agosto 2015

Por: Moisés Gómez.-

Estaba un día trabajando en la edición de la revista después de haber regresado del viaje misionero de la iglesia donde mi esposa y yo somos miembros, y ya recuperado de mi cirugía de vesícula, cuando de pronto recibo una llamada telefónica. Era Víctor Morelos, integrante de la banda Revosiete y organizador del congreso distrital de jóvenes de las Asambleas de Dios.

El motivo de la llamada era para decirme que estaban listos para el evento y que me tenían listo un salón por si deseaba entrevistar a los invitados al congreso, muy en particular al pastor choco.

-«¿A uno de los 100 hombres más influyentes en el mundo[según la revista TIME]?», dije yo.

-«Sí», me dijo Víctor.

No cabía en mi asombro de poder conversar con este hombre de Dios que ha hecho infinidad de cosas en favor de los marginados en la ciudad de Chicago, así es que accedí de inmediato.

Me preparé para la entrevista. Mi amigo Wilmar Delgado me acompañó para prepara todo el set, tomar fotografías y grabar la charla.

«Comienzas a las 8pm», me dijeron. «Cinco minutos tendrás con el pastor choco, después cinco minutos con Miel San Marcos, luego cinco minutos con Danny Flores y al final cinco minutos con FreeWorship, porque a las 8:30pm comenzamos el concierto», aclararon.

Pero, no se hizo como estaba planeado.

Pastor Choco estaba cenando, Miel San Marcos aún no llegaba al recinto y Danny Flores estaba dirigiendo el congreso. Así es que sólo pude entrevistar a la banda FreeWorship antes del concierto.

Inició el concierto. Wilmar y yo comenzamos a tomar fotografías de Miel San Marcos y los asistentes. El tiempo pasaba y aún no tenía noticias de la entrevista con el pastor Choco. De pronto, Víctor se me acercó y me dijo: -«ya está listo el pastor para la entrevista». Dejamos lo que estábamos haciendo y corrimos al salón para conversar con este personaje puertorriqueño.

Los cinco se tornaron en una interesantísima charla de 40 minutos. La conversación giró en torno a cómo Dios ha usado este hombre para su Gloria.

Había valido la pena la espera. Terminamos la entrevista, volvimos al concierto y cuando ya finalizó todo, tuve mis cinco minutos con Miel San Marcos y mis cinco minutos con Danny Flores.

¡Vaya privilegio!∞

Moisés Gómez

Junio 2015

Por: Moisés Gómez.-

Este mes del padre quiero felicitar a todos los que nos embarcamos en esta preciosa etapa.

Vivir la paternidad ha sido uno de los mejores momentos en mi vida. Ahora puedo entender mucho de los sacrificios de mis padres y comprender aún más el amor de Dios para conmigo.

Una de las cosas que admiro de mi hijo a su edad —en este mes cumple dos años— es que le gusta ayudar. Regresábamos el otro día de surtir la despensa y mientras bajaba las cosas del auto-móvil, él se acomedió a cargar una caja. Como pudo la sujetó en sus pequeñas manos y se fue él solo hasta llegar a la alacena donde su mamá lo estaba esperando para ayudarle a guardarla. La puso en el suelo y corrió para cargar algo más y llevarlo a guardar.

Al verlo así tan animado haciendo eso, pude reflexionar acerca de cómo él, a su corta edad, ya se siente incluído en las tareas del hogar, y mejor aún, ya está desarrollando un espíritu de servicio incondicional.

Ese mismo espíritu es el que nos debe caracterizar a ti y a mí. Sirvamos a nuestro Dios con ese deseo ardiente e incondicional. Que no sirvamos por algún interés mezquino.

Ser papá es genial, pero ser un papá que sirve, es aún mejor.

Cierro mi editorial con el Pacto de los Embajadores del Rey donde pertenecí en mi adolescencia y que mi amigo Samuel Hidalgo me lo recordó hace un tiempo atrás:

«PROMETO:

•Vivir una vida digna del nombre de nuestra Orden.

•Guardar mis labios de mentira y de lenguaje obsceno.

•Conservar mi cuerpo limpio para poder ser más útil.

•Estudiar la vida de los nobles embajadores escritas en la

    palabra de Dios y en las historias misioneras.

•Dar todo lo que pueda para el sostenimiento de las misiones

    y, por medio de cada acto de servicio, contribuir al estableci-

    miento del reino de Dios en la tierra.

Prometo fidelidad a Jesucristo, pues mi deseo es vivir por Él y servirle siempre. Por lo mismo:

Viviré una vida pura,

Diré siempre la verdad,

Remediaré la injusticia,

Seguiré a Cristo el Rey.

Si no lo hago así: ¿para qué nací?»

Mayo 2015

Por: Moisés Gómez.-

Estaba viendo el otro día un divertido video (que lo sugiero en la sección de Música) acerca de una mamá que está buscando trabajo y que no «calificaba» en ninguno porque carecía de «experiencia» laboral por haberse dedicado al hogar.

Además de disfrutar esos tres minutos que dura el cortometraje, pude reflexionar acerca de lo afortunado que fui al tener a mi lado a mi madre hasta hoy y del trabajo tan árduo que fue manejar su hogar con cinco hijos y un esposo.

Y es que es increíble como ella podía tener tanta energía para preparar las comidas, asear la casa, ir de compras, atendernos a todos, lavar la ropa, preparar la clase para escuela dominical, asistir a la femenil (en la iglesia), planchar, tener sus devocionales, ayudarme con la tarea, ir a los cultos, etc., y aún así dibujar en su rostro una sonrisa sin importar cuán cansada estuviera.

Recuerdo que a media tarde se servía un vasito de Coca-Cola (en los frascos de vidrio donde venden el Mole Doña María), porque, según ella, esos vasos tenían la medida exacta de refresco que le ayudaba a recuperar sus fuerzas.

Hoy mi madre rebasa los 70 años y aún sigue siendo la mujer que hace todas las tareas del hogar y sigue tomando su vasito de Coca.

Agradezco mucho a Dios por la vida de mi mamá y quiero honrarla en este editorial de mayo —mes en que se celebra el día a las madres—.

Y es que mi mamá es única y no hay otra como ella —al igual que cada uno de ustedes piensa sobre su madre—

Mi madre lleva por nombre Ofelia; y ella, junto con mi padre, nos supieron educar y guiar por el buen camino. Hoy, mis cuatro hermanos y un servidor, somos lo que somos gracias a ellos.

En esta etapa de mi vida tengo otra mamá —pues mi suegra me ha recibido como hijo—, y puedo decir que Dios me ha bendecido con ella.

Y no quiero dejar pasar por alto a las «mamás» que me cobijaron a lo largo de mi vida. Desde aquí les agradezco enormidades por su amor incondicional a este «rebelde con causa».

Y dejé al último a mi amada esposa. No por restarle importancia, sino porque ahora ella comparte conmigo y Rafael, nuestro hijo, la hermosa bendición de ser llamada «Mamá». Gracias mi «Tonalli» por llevar las riendas de este hogar. Te amamos tu hijo y tu «morenazo».