Diciembre 2015

Por: Moisés Gómez.-

Siempre que una iglesia me da la oportunidad de tomarle una fotografía de grupo, disfruto, detrás de la lente de mi cámara, a cada una de las personas que asisten a esa congregación y que son parte de la gran familia de cristianos alrededor del mundo; familia a la cual también yo pertenezco.

Tal es el caso de la Primera Iglesia Bautista de Renovación [foto arriba], ubicada en la ciudad de St. Paul, Minnesota y que recientemente celebraron sus 12 años de existencia.

Allí, mientras les pido que sonrían para la foto, viene a mi mente la forma tan generosa que han mostrado a mi persona y a la revista, bendiciéndome no solo económicamente, sino creando un ministerio exclusivo para repartir la revista en el área de St. Paul y sus suburbios.

En en cada click que le doy a mi cámara, retumban en mis oídos las palabras del reverendo Alberto Vargas acerca de la unidad: «La unidad, para mí, la explico de la siguiente manera. Si tu necesitas unas sillas para un evento que vas a tener, y yo las tengo, te las presto».

Y es muy probable que a este pensamiento antes mencionado, que he parafraseado, le falten elementos que se han ido perdiendo en mi decrépita memoria, pero la escencia se ha quedado grabada en mí.

Gracias pastor, gracias iglesia, gracias a todos los que han hecho posible Sal y Luz en estos tres años.

Con esta edición, se termina un ciclo para la revista, y en el 2016 comenzamos con una nueva plataforma de mayor alcance no solo en el estado, sino en el país y más allá.

Yo sé que la visión no la comparten todos, sin embargo, me uno al pensamiento del reverendo Samuel Rodríguez, que dice: «El día que comprendamos que la UNIDAD y el TRABAJO en EQUIPO son la base del éxito en el Reino de Dios, ese día, la iglesia de Jesucristo comenzará a caminar a través de la agenda del Cordero.

Para servir.

Moisés Gómez

La teología ambiental

Por: RGO.-

La Teología Ambiental tiene que ver con el aspecto mayordómico responsable de nuestro entorno: La tierra, las aguas y la atmósfera. Por supuesto que me refiero a la ECOLOGIA como la ciencia que estudia las relaciones existentes entre los seres vivientes y el medio en que viven.

De hecho, entre la decena de partidos políticos que existen en México, hay uno llamado  “Partido Verde Ecologista”, que pugna por la protección y conservación del hábitat en general.  Algo ha logrado y su propósito es digno de elogio; pero, intentos como éste que también se realizan en diversas partes del mundo, no han podido crear real conciencia de tal compromiso que todos los seres humanos del planeta tenemos; al grado que las palabras del apóstol Pablo resuenan por doquier: «sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino que también nosotros mismos  que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».(Romanos 8:22,23)

Dicho pasaje muestra la profunda desesperación a que ha llegado la creación en su estado embarazoso por causa del abuso y maltrato con que el hombre corrupto que la habita la ha dañado inmisericordemente.  Aunque toda esta situación pasará(2ª de Pedro 3:10-13), porque el Señor Jesucristo volverá  por los suyos para llevarlos consigo a una tierra y cielo nuevos que fue a prepararles en el más allá.

¿Cuáles son los abusos cometidos? La lluvia ácida ocasionada por las industrias, el agotamiento de las tierras agrícolas y en consecuencia la escasez de los recursos naturales y el hambre y la desnutrición, la tala inmode-rada de los bosques y selvas tropicales, la contaminación de los ríos y lagos, las especies en extinción debido a cacería sin control por quebrantar la ley de protección animal, incendios deliberados, basura tirada a diestra y siniestra en calles y carreteras —aun y cuando el Lic. Hank González, regente del Distrito Federal Mexicano, nos dejara su frase: «la ciudad más limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia»—.

Ahora que, si piensas que soy un fanático de la limpieza, a las pruebas me remito, pues tal vez tengas razón, porque me encanta mantener diariamente impecable hasta la calle de mi casa —que es la tuya—. Esto es verdadera urbanidad; y tratándose de etiqueta de mesa, persevero en aquella que reza así: «lo que usas lo levantas, lavas, secas y lo colocas en su correspondiente lugar». 

Sobre esto, asiduo lector, te comento de manera hiperbólica lo siguiente acerca de Adán y Eva como presuntos malhechores en contra de la creación en el Edén:

«…entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales». (Génesis 3:7)

«…maldita será la tierra por tu causa» (Génesis 3:17)

«Espinos y cardos te producirá…» (Génesis 3:18)

«Y Jehová hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles y los vistió». (Génesis 3:21)

Por culpa de dicha pareja, los árboles perdieron su follaje (flora), los animales fueron muertos (fauna) y la tierra se volvió estéril. ¿Te parece exagerado o te sirve de reflexión?

Aún el problema actual que yo percibo, y creo no estar equivocado, es que a pesar de vivir en pleno siglo XXI, seguimos padeciendo de inculturismo, al punto quizá (en algunos casos)  de salvajismo. Estamos inmersos en esa pandemia mientras que Juntas Cumbres van y vienen,  mensajes y exhortaciones que se nos dan a través de los medios masivos de comunicación, advertencias graves que nos hacen los científicos respecto a que de en tantos años más ya no tendremos agua, que el cambio climático o calentamiento de la tierra aumenta constantemente etc., etc., etc.

Y ni así nos preocupamos un ápice.

¿Acaso a ti y a mí como cristianos, si? Que tu respuesta, como la mía, sean afirmativas; y aparte de orar con mucho fervor, pidiéndole a Dios nos perdone y tenga misericordia, nos lancemos a voz de ya a iniciar campañas o participar en ellas para ayudar con nuestro granito de arena a corregir toda anomalía existente que aqueja a nuestro globo terráqueo. «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos»(Gálatas 5:9). «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas».(Efesios 2:10).

Dios «todo lo hizo hermoso en su tiempo»(Eclesiastés 3:10-13) y el hombre debe ocuparse de guardarlo limpio y organizado. 

Cuidemos los recursos del planeta y evitemos el riesgo probable, o casi inminente, de un desastre ecológico mundial.

Andemos como de día

Por: Aridait Candanoza.-

En el capítulo 12 de la carta a los Romanos, Pablo nos revela varias estrategias sobre cómo confrontar a las tinieblas. El último versículo de este capítulo, el apóstol resume todas las estrategias dadas en ese pasaje con la siguiente frase:«No seáis vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal»(Romanos 12:21)

En el capítulo 13, Pablo continúa con el mismo tema. Si observamos, a partir del versículo 12 nos dice que la noche está avanzada (la noche representa el tiempo en el que dominan las tinieblas, aunque hay que aclarar que las tinieblas, aunque es en la noche cuando tienen todo el dominio, no tienen todo el dominio, ya que Dios dispuso una lumbrera [la luna] y las estrellas para que nos alumbraran de noche.

La lumbrera es un tipo del pueblo de Dios que está llamado a reflejar la luz de Cristo, y las estrellas son un tipo de cada creyente en particular.(Filipenses 2:12-15)

Ahora bien, ¿no le parece curioso que en los primeros versículos del capítulo 13, Pablo explique con detalle sobre la importancia de la sujeción a las autoridades superiores? Si no tenemos cuidado, pensaríamos que se salió del tema, pero no es así.

Ahí, el apóstol aclara que la única fuente de autoridad es Dios; y Dios es luz. Así que, cuando estamos sujetos a la autoridad, estamos conectados a la luz y las tinieblas no prevalecen ante la luz.

En ese contexto —de combatir las tinieblas—, Pablo aclara que la autoridad lleva la espada para castigar al que hace lo malo —al que anda en tinieblas—. Por otro lado, el apóstol nos indica que paguemos los impuestos y que no debamos nada nadie —para que no haya nada que nos ate o nos comprometa con las tinieblas—.

Cuando dice: «no debáis a nadie nada», añade: «sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo a cumplido la ley»(Romanos 13:8). En el versículo 10, continúa diciendo: «El amor no hace mal al prójimo, así que el cumplimiento de la ley, es el amor» —observemos que Pablo conecta el acto de obedecer a la ley con estar sujetos a la luz—.

Esto implica que la sujeción a la autoridad es una cobertura que nos protege a la hora de confrontar a las tinieblas. La recomendación final que nos da el apóstol dice: «La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne».(Romanos 13:12-14)

Aquí se indican tres acciones a seguir:

Desechar las obras de las tinieblas,

Vestirse del Señor Jesús y de sus armas de luz, y

No proveer para los deseos de la carne.

Note que la responsabilidad de estas tres acciones recae en cada uno de nosotros.

Otro dato curioso:

La noche comenzó —las tinieblas espiritua-les— con la caída de Adán, lo que significa que la obra de redención en la raza humana ha hecho su labor mientras que las tinieblas han tenido su dominio sobre la tierra. Usted y yo —los que hemos creído y aceptado a Jesús como nuestro salvador y Dios— fuimos alcanzados por la luz en medio de la noche.

Jesús vino como la luz verdadera para trasladarnos del reino de las nieblas a su admirable reino de luz(2Pedro 2:9-10). Es por eso que, ahora los que hemos hecho pacto con Dios,  de andar en justicia, andemos como de día.

¿Ya observó que no dice «andemos de día»,  sino «como de día»? La razón es simple, todavía no estamos en el día, estamos en la noche, pero en Cristo podemos andar en medio de la noche como de día.

¡¡Aleluya!!∞

-Publicado en noviembre 2015-

Sabor a Dios

Por: Alberto Vargas.-

«Ustedes son la sal de la tierra»

He oído y leído esta pequeña porción bíblica por muchos años. Me atrevo a asegurar que fue una de las porciones que oí desde mis primeros pasos en Cristo. Ha sido compañera de muchos sermones y lo seguirá siendo de otros más por venir. Desde el principio fue una porción que llamaba al reto y a la responsabilidad de dar sabor o de ser agente preservativo con referencia al mundo en que vivimos.

Hoy quiero reflexionar un poco más de lo obvio. He querido parar-me en el camino y oír de nuevo a Jesús decirme a mí esas palabras: «USTEDES SON LA SAL…»

Lo primero que me doy cuenta al reflexio-nar es que no es una frase que permite opciones. No es un llamado a ser, sino un argumento descriptivo. Permítanme explicarles. Si una persona, al ver un grupo de vestidos de blanco dice: -«ustedes están vestidos de blanco», la persona está descri-biendo lo que ve, un hecho indudable, una característica tomada de un reconocimiento visual. Así pues, -«ustedes son sal», proviene de la misma manera. Es una observación de un hecho, es un reconocimiento visual de algo que es concreto al presente en que se dice.

Jesús no nos llamó a ser sal, no nos retó a cumplir una meta del futuro, Jesús nos describió funcionalmente; esto es lo que somos, para esto es para lo que servimos, somos sal, no hay opción de no serlo y preservamos y damos sabor. Si esto no suce-diese, no servimos, no tenemos valor, tan solo para ser pisoteada por la humanidad.

Déjame prestarte mi reflexión; acógela como tuya por un momento. ¿No es eso lo que los hombres a veces vemos que están haciendo con la iglesia? Seamos responsables con el Reino, pues sé que como actitud defensiva dirás rápidamente «no, mi iglesia no es una de esas, la mía es triunfadora», pero miremos los frutos.

Al Jesús querer hablar de los frutos miró hacia los campos, hacia el mundo, pues es ahí que se encuentra la razón de ser de la iglesia, salvar a los de afuera. No cometamos el terrible error de medir nuestra eficacia como iglesia según los servicios o cultos maravillosos que tenemos al reunirnos o cuántas profecías podemos oír de nuestros profetas o cuántos actos emocionales podamos crear o cuántas veces hallamos sido liberados de alguna cosa extraña —que tan pronto «sale» parece dar la vuelta y regresar a su lugar, pues, por si no te has dado cuenta, siempre estamos siendo liberados por lo mismo—.

Aunque nuestra calidad de cristianos comienza en nuestro interior, se refleja en la cualidad que hace que otros nos vean como cristianos. Eso fue lo que Jesús vio al mirarnos y decirnos «ustedes SON sal». Ustedes preservan, ustedes dan sabor a Dios, a este mundo. No hay opción, no podemos escoger, somos o no somos.

Nuestra condición de verdaderos cristianos deberá provocar lo que Jesús provocó cuando andaba entre los hombres, que en labios de los fariseos se oye este temor: «Mirad, el mundo se va tras Él.»(Juan 12.19b)

No tratemos de insistir a que los hombres nos sigan, ofreciéndoles toda clase de «cosas» atrayentes y de montajes costosos. Dejemos que los hombres nos sigan cuando nos miren y se den cuenta quiénes somos y a quién representamos. Que, al la gente mirarnos, puedan decir: -«vean, ellos son la sal de la tierra». Entonces nosotros podremos tan solo decirles: -«Sígueme».

Que la paz de nuestro Señor Jesucristo inunde sus corazones. Amén.∞

-Publicado en noviembre 2015-

Dale la oportunidad de ser tu Dios

Por: Edith Soto.-

Hola querido lector.

Hoy quiero compartir contigo un poco de mi relación con Dios, mi Padre celestial. Nunca me imaginé qué tan grande era su amor, ni mucho menos que Él quería y sigue queriendo lo mejor para mí; que a pesar de mis fallas y de mis equivocaciones, el sigue confiando en mí.

Creía que Dios estaba muy lejos y que no le importaban mis problemas, que no veía mi sufrimiento, que estaba sola. Pero, la verdad es que yo estaba muy equivocada.Dios estaba tan pendiente de mí que cono-cía cada uno de mis pensamientos, sabía de mis problemas y conocía a la perfección mi proceder. Él sabía de las veces que me hacía la fuerte por fuera, pero despedazada por dentro; cuando ya no tenía ganas de nada y me sentía cansada.

A pesar de yo conocerlo a través de su palabra, NUNCA LE DI LA OPORTU-NIDAD DE SER DIOS. Creía y pensaba que con una oración era suficiente. Lo que NO veía era que no le daba la oportunidad de ser ese grandioso, poderoso amigo y compañero que Él puede ser.

DIOS siempre ha estado allí para mí. Cuando estaba pasando en los momentos más difíciles y dolorosos, Él me dijo: -«confia en mí que yo cambiare las cosas». Yo oraba pidiéndole ayuda, pero en vez de dejarlo actuar y establecer su poder, siempre se terminaban haciendo las cosas a mi manera —quedando siempre igual—. Hasta que entendí que cuando le pedía algo, en ese mismo momento tenía que entregárselo y creerle; estar confiada y segura, sin ninguna preocupación.

Te confieso que me fue difícil, pero los resultados fueron sorprendentes; y desde entonces lo tomo en cuenta para todo, en  grandes o pequeñas situaciones.

Dice la palabra de Dios en Mateo 19:26: «Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible».

Dios siempre tiene su mirada en nosotros. Él espera que lo tomemos en cuenta para facilitarnos nuestro diario vivir. Que le confiemos hasta lo más simple que nos preocupe. Jesús espera que lo hagas su amigo fiel.

Una de sus más bellas promesas es esta: «…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén».(Mateo 28:20b)

Entonces, ¿cómo sentirnos solos y abandonados? ¿por qué cerrarnos y negarnos la oportunidad de creerle?

Ya tengo años que he aprendido a delegarle todo a Dios. Le entregué mi vida, mi matrimonio, mi familia, mis finanzas y la iglesia, la cual me permite dirigir; y pase lo que pase, Él tiene el control de todo. Ya no me aflijo, ni me preocupo de nada. Dios me ha sorprendido en todo. Me ha permitido conocer su poder, pero sobretodo, su amor por mí.

Y ese amor es el mismo que Él siente por ti.

Dale la oportunidad de transformar tu vida como lo sigue haciendo con la mía. Hazlo tu compañero, tu cuatacho, tu pana, pero inclúyelo en tu vida, pues al cabo que ese amigo es Dios y lo que tu no puedas hacer o cambiar, Él lo hará por ti.

Dale la oportunidad de ser tu Dios.∞

-Publicado en noviembre 2015-

Noviembre 2015

Por: Moisés Gómez.-

Estaba el otro día meditando sobre lo que iba a escribir en esta edición cuando de repente me llegó a mi e-mail esta fotografía [arriba].

Era nada más y nada menos que Ian, el hijo de mis amigos Pedro y Carmen.

Que alegría tan inmensa me produjo el ver esta foto tan tierna y comprender que Dios hace milagros tan bellos como este pequeñito.

Trajo a mi memoria la vez que tuve a mi hijo en mis brazos y me di cuenta que ahora yo era responsable de esa personita.

¿Cuántas veces nos olvidamos de las cosas que nos dan felicidad por afanarnos de lo que es vanidad? Nos pasamos la vida buscando debajo de las piedras lo que nos genere un instante de alegría, sin darnos cuenta que todo lo que nos hace únicos lo tenemos frente a nosotros.

No hay mejor reflexión que la que genera un recién nacido. Esa paz, la misma paz divina, reflejada en su rostro, me demuestra que en los brazos de Dios puedo descansar y ser yo mismo.

Al ver esta foto, contemplo la vida misma forjándose un nuevo desafío: crecer en el camino del bien.

Es en ese camino en el que quiero yo andar, en el que mis pasos me lleven al final deseado: al lado del mismo creador del universo, a Dios.

Gracias Pit por regalarme unos momentos invaluables de catarsis al ver a Ian en esa peculiar vestimenta. Desde aquí bendigo la vida de este pequeño, que a tan poco tiempo de nacido, ya ha impactado mi vida.

Gracias a todos los que hicieron posible esta edición. Te invito a que recorras sus páginas y

honres leyendo a todos los que se tomaron su tiempo para escribir palabras que nos hagan ser mejores personas.

Con mucho cariño.

Moisés Gómez

El origen o permisión del mal

Por: RGO.-

Dice la parte «b» de Job 2:10: «¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?»

Al respecto Ralph L. Smith, en su breve comentario sobre el libro de Job, levanta las siguientes dos preguntas: «¿Puede la gente que recibe solamente buenas dádivas de Dios creer en El?,  ¿Puede lo que parece ser mal también ser considerado como una buena dádiva de Dios?» La respuesta viene del mismo autor al citar Génesis 50:20 cuando José dijo a sus hermanos: «Vosotros pensasteis mal contra mí,  mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo». Y como lo expresa  el himnólogo James Montgomery en su himno «Cuando sea tentado»:

Si la prueba enviares, a mi vida aquí,
El dolor, la pena, luto y aflicción,
Haz que nunca dude que vendrás a mí,
Y que Tú lo cambias, todo en bendición.

Sin embargo, tales interrogantes, junto con la respuesta, como que no tienen que ver directamente con el tema, aunque sí arrojan cierta luz sobre él, tomando en cuenta la voluntad de Dios en su aspecto permisivo.

Otros dos pasajes referenciales que corroboran son: «Yo formo la luz y creo las tinieblas, traigo bienestar y creo calamidad; Yo, el Señor hago todas estas cosas.”»(Isaías 45:7) Y  Lamentaciones 3:38: «¿No es acaso por mandato del Altísimo que acontece lo bueno y lo malo?» (NVI)

En el sentido demoniaco sí corresponden o se relacionan, por lo cual el mal se origina en Satanás y de él procede, inclusive a manera de malicia, maledicencia y maldición. No obstante, el Diccionario Bíblico afirma lo contrario al decir que «la Biblia atribuye al Diablo el haber introducido y perpetuado el pecado en el mundo, pero deja sin resolver el enigma del origen del mal».

Nada más y nada menos que al consultar el Compendio Manual de la Biblia, de Henry H. Halley, encuentro referente al capítulo 2 de Job lo que declara contundentemente: «La mano de Satanás está en todo ello, pues se nos da aquí un vislumbre del mundo de los espíritus, en donde todos los secretos de la existencia se conocen». No dudamos en lo más mínimo que el diablo es el autor del mal y Dios únicamente le permite actuar para el bien del hombre.

¡Aleluya!∞

El proceso de los hijos de Dios

Por: Aridait Candanoza.-

Todo hijo de Dios, tarde o temprano, tiene que ser procesado. En la Biblia se registran «los procesos» a los que fueron sometidos Abraham, Jacob, José, Moisés, David y otros, con el fin de que estuvieran preparados para cumplir con la tarea que se les encomendó.

De ellos podemos aprender porque, indudablemente, ninguno de nosotros escapará de ser procesado por Dios.

Quizás el ejemplo más práctico de quien podemos aprender es el de Job. Él fue sometido al proceso cuando Dios aceptó el reto de Satanás para poner a prueba su integridad. Su proceso se puede resumir en las palabras que el mismo declaró:

«Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes. Te has vuelto cruel para mí; con el poder de tu mano me persigues. Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él, y disolviste mi sustancia.»(Job 30:20-22)

Observe que lo que le pasó a Job, nos pasa a nosotros.

Mientras estamos en «el proceso», la sensación que se tiene es de que Dios:

1) No nos escucha.

2) Que está en contra nuestra.

3) Que nos persigue.

Lo cierto es que nada de lo anterior es verdad, excepto lo último, ya que Él si nos persigue y nos acorrala, pero no para destruirnos, sino para transformarnos; y lo hace con el fin de que le conozcamos más y que seamos capacitados para poder obedecerle, así como para entender Sus planes que Él tiene para nosotros.

Siempre que nos mete a un proceso es para «disolver nuestra sustancia»; o dicho de otro modo, lo que busca es desarraigar de nosotros lo que nos impide alcanzar el siguiente nivel al cual nos quiere llevar el Señor.

En todo proceso Dios trata con el carácter para llevarnos a la madurez. Él no busca en nosotros motivar las emociones, ya que la motivación, aunque útil, es temporal y lo emocional no dura. Sin embargo, con un carácter maduro se tiene la capacidad de reaccionar correctamente ante cualquier circunstancia que nos rodee.

Los procesos de Dios:

a) Nos trae promoción,

b) Nos coloca en una plataforma, a partir de la cual somos catapultados a un nivel de mayor autoridad,

c) Nuestra promoción trae juicio en contra del enemigo, y

d) Nos lleva a la puerta de la herencia que el Padre tiene preparadas para nosotros.

Así que amados hermanos, ¡que no nos asusten las crisis! Son para forjarnos y prepararnos para algo mejor que nos espera. ¿Estamos dispuestos a pasar por el proceso de Dios?∞

-Publicado en octubre 2015-

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón

Por: Alberto Vargas.-

Es uno de los sabios consejos que nos da el libro de Proverbios 4:23. Al leerlo, parece de esos versos poéticos que sirven para adornar momentos especiales, pero el verso contiene una llave poderosísima par tener éxito en nuestra vida cristiana.

Déjenme ser lo mas honesto que me permitan las letras. El cristiano hoy en día parece estar más herido, que en la salud y restauración que Dios ha prometido a los que le buscan. Es terrible, pero cuánta tristeza uno encuentra en el pueblo de Su alegría hoy(Salmo 126:3).

Recibo en mi despacho a muchas personas tristes, cansadas, con muchas situaciones y poca esperanza, que vienen buscando ayuda de muchas iglesias cristianas de nuestro entorno. Al parecer se ha vuelto normal el sufrimiento, el desespero y la tristeza en la vida del creyente. Sé que Jesús nos advirtió «que en el mundo tendríamos aflicciones» pero añadió: -«no teman, Yo he vencido al mundo».

Comencé hace años a buscar una respues-ta a ese desaliento en que viven algunos creyentes y encontré algo muy significativo y común en todos los desalentados: sus sentimientos estaban desechos, sin una base divina y alterados por pensamientos e ideas dañinas. No guardamos nuestro corazón, jugamos con nuestros sentimientos del pasado y del presente, creando de nuestras vidas «novelas» de extraños principios que alimentan la victimización, el odio, el egocentrismo y la auto-conmiseración. De ahí vienen las relaciones rotas, la duda, los deseos desenfrenados y el pecado oculto. Para completar el cuadro, nos envolvemos en la mentira de la apariencia. Necesitamos aparentar nuestra cristiandad ante los hermanos, pues mucha competencia anticristiana nos encontramos entre los hermanos la cual no nos permite ser sinceros y expresar nuestro dolor y necesidad de ayuda.

El corazón es la cuna de nuestros sentimientos. No importa cuántos sentimientos lindos y buenos tengamos, una pequeña porción de sentimientos adversos a Dios o de ideas y deseos que no nos conviene, depositará amargura en nosotros —«un poco de levadura leuda toda la masa»—. Poco a poco destilaremos tristeza y amargura pues velamos por lo exterior y se nos olvidó el interior.

Dios no mira cómo somos, lo que hacemos o cómo lo hacemos. Dios mira el corazón, «No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». (1Samuel 16:7). Es lo que sentimos, nuestras ideas, nuestros verdaderos valores, nuestras motivaciones, lo que en realidad tiene valor para Dios y para nuestra propia vida. No mires lo que al parecer siente el otro o lo que piensa el otro, ¡guarda tu corazón! Presta atención en lo que sientes, en lo que piensas, en tus valores y en la realidad de tus motivaciones y, si no son buenas o no son de Dios, ¡deséchalas!

Un último pero importante consejo. Asegúrate de que guardas el sentimiento correcto. Si tus sentimientos, aún los buenos, son semejantes o guardan los mismos principios de cuando estabas sin Dios, deséchalos, no sirven.

Ahora tu y yo somos nuevas criaturas «creadas según Dios». Son nuevos los principios que dirigen nuestra vida y así mismo deben de ser los sentimientos de nuestro corazón. Es un solo sentimiento el que debe de llenar nuestro corazón; el amor de Dios en Cristo Jesús. Todo el sentimiento de amor que queramos dar deberá partir de este amor perfecto; hacia nuestros hijos, cónyuges, padres, hermanos y a todos en general. Tú tienes la capacidad en Dios de llevar y moverte bajo el amor perfecto del Señor.

Guardar el corazón, por última instancia, es que sólo el amor de Dios esté presente en el mismo y no permitir que otros sentimientos extraños, aunque parezcan amor, entren en el mismo, pues solo el amor de Dios cubrirá todas nuestras faltas.

Guarda tu corazón… porque de él mana la vida. Amén.∞

-Publicado en octubre 2015-

Aprendamos a ver lo mejor de los demás

Por: Edith Soto.-

Bendiciones querido lector.

Quiero esta vez compartir contigo algo que hasta el día de hoy sigue produciendo cambios en mí.

Sé que para muchos esto va ser muy difícil de entender y para otros imposible, pero la realidad de las cosas es que a pesar de tus pecados, errores y faltas, Dios sigue viendo lo mejor de ti.

Hay un tiempo en la vida de cada persona donde no nos sentimos dignos de pedirle ayuda a Dios, y es precisamente por todo el daño que hemos causado a los demás o por la vida de pecado que hemos vivido —aunque para los ojos de los demás tú estás mal y pudieran expresar: -«No vales nada, No eres nadie»—.  Y desgraciadamente esas palabras siempre provienen de las personas que más nos deberían de apoyar y ayudar,  nuestra familia.

Pero lo bueno de esto es que Dios no nos ve como nos ven los demás, Él sigue viendo algo bueno en ti, Él sigue esperando por ti, Él sí cree en ti.

Mira lo que dice Dios en su palabra:

«Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia».

1aCorintios 1:27-29

¡Wow! Me encanta este versículo, a a través de estas palabras podemos ver que Dios no busca al perfecto, sino a nosotros, a los peores; y aunque la mayoría de las veces la sociedad te separa señalándote y repudiándote, Dios No. ÉL desea empezar una obra perfecta en ti, ÉL sigue teniendo paciencia, Él espera por ti.

¿Sabes? Yo fui de lo peor y Dios vio algo bueno en mí, me perdonó, me sanó, me levantó y empezó a formarme, cambiando y transformando aún aquellas áreas que yo creía imposible; y no solo eso, me dio la oportunidad de servirlo.

Si lo hizo conmigo, también lo puede hacer contigo. Sólo dale la oportunidad de que Él cambie tu vida.

Él me dio credibilidad, renovó mis valores, me enseñó a dar siempre lo mejor de mí. Y no solo eso, me enseñó a ver las cosas diferentes, me enseñó a ver lo mejor de cada persona y, sobretodo, a dar la misma oportunidad que Él a mí me dio.

Empecemos a hacer la diferencia, comencemos a creerle a Dios.∞

-Publicado en octubre 2015-