‘ME SALIÓ EL TIRO POR LA CULATA’

Por: Pastora Dora Quirarte

¿Alguna vez has escuchado el dicho: «me salió el tiro por la culata»? 

Seguramente sabrás que esta frase significa que algo no ha salido como esperabas; es decir, que has hecho algo esperando un resultado y resultó todo lo contrario.

En mi caso, te contaré dos experiencias donde «me salió el tiro por la culata».

La primera —la recuerdo como si fuera ayer—, fue que me quise burlar del pastor de la iglesia donde me congregaba. Un grupo de adultos y jóvenes de la congregación se estaban preparando para ser bautizados. Al enterarme, yo también quise bautizarme. Fui con el Pastor y me dijo que tenía que cumplir algunos requisitos, tales como: mi manera de vestir, etc., así como tomar algunas clases para comprender el propósito del bautismo. Acepté y entré al grupo de los que serían bautizados. Al despedirme del pastor, inmediatamente comencé a pensar y a reírme porque, según yo, había logrado engañarlo haciéndole creer que iba a cumplir con los requisitos. Llegó el día esperado de los bautismos. El Pastor nos da las últimas recomendaciones. Hicimos una línea esperando el turno para ser bautizados. Cuando por fin me tocó entrar al río para ser bautizada, el Pastor me sumergió en las aguas y al emerger sucedió algo que yo no me esperaba: empecé a hablar en lenguas. Yo no sabía qué estaba pasando conmigo; todo mi cuerpo temblaba y estaba asustada y confundida. Puedo decirte que desde ese día mi vida no volvió a ser la misma. Comencé a leer la Biblia; mi manera de vestir cambió; empecé a orar; hablar en otras lenguas; tener sueños reveladores; compasión y sobre todo amor por la gente.

En pocas palabras, el plan que yo tenía en mi mente no resultó como lo esperaba, sino todo lo contrario. Me había salido el tiro por la culata.

‘Me salió el tiro por la culata’ apunta su origen al siglo XV cuando las armas  empezaron a utilizarse en los campos de batalla. Estas se cargaban con mucha pólvora lo que provocaba que la combustión fuera mayor a la esperada rompiendo así el cañón y dando de lleno al tirador que hacía el disparo con la parte trasera del fusil (culata). 

La segunda anécdota se remonta a mi tiempo como presidenta de los jóvenes. En ese entonces hubo una joven que no estaba muy contenta de que yo hubiera sido elegida como la líder; así es que ella comenzó a planear cómo sacarme del cargo y para eso recolectó firmas suficientes para lograr su cometido. En una reunión la joven comenzó a leer la lista de los nombres de los que habían firmado y terminó diciendo: «Dorita, no queremos que sigas como presidenta». En eso estaba cuando de repente tocaron a la puerta y apareció en escena otra joven que dijo que Dios había sido el que «me había elegido [a mí], y no el hombre, para estar como presidenta de jóvenes». Entonces pasó algo inesperado; la consejera de los jóvenes determinó que esta joven no continuaría ejerciendo su cargo. ¡Woooooow! Le había salido el tiro por la culata. 

Esta anécdota me recordó al jefe de gobierno del rey Asuero, Amán —que se encuentra en el libro de Ester—, quien planeó cómo ahorcar a Mardoqueo y terminó él siendo el ahorcado. (Ester caps. 3-5)

Amado lector, estas dos anécdotas que narré, me enseñaron que cuando nos gana el enojo, el coraje, la envidia, los celos, o cualquier otra emoción o sentimiento, las decisiones que tomemos serán equivocadas y lo único que lograrán es que nos salga el tiro por la culata. 

Te invito a ti querido lector —y yo me incluyo—, a que meditemos siempre, que pensemos en no tramar o hacer algo malo para alguien; porque no vaya a ser que nos salga el tiro por la culata. Mas bien, busquemos a Dios en oración y leamos su palabra para ser guiados por Él; para saber Su perfecta voluntad en nuestras vidas.

Tiempo de Alegría.

¡Cuánto Dios me ama!

Por: Pastora Dora Quirarte

En el libro de Salmos 139: 1-7 y 13, nos dice: «Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre».

Este Salmo cautivó mi espíritu de una manera especial porque describe a un Dios que es omnipresente y omnisciente —que está en todas partes y que conoce todo de nosotros—. 

Recuerdo como si fuera ayer una experiencia que marcó mi vida. Era un sábado por la tarde que me dirigía en mi auto a una actividad juvenil de la iglesia a la que pertenecía; mientras esperaba el cambio de luz del semáforo, se me acercó un joven bien vestido y me dio una rosa roja y me dijo: «Tú eres la rosa de Sarón».

Mi mente voló y comprendí que la presencia de Dios ha sido suficiente en los momentos de muchos obstáculos y espinos cubriéndome con su amor, dándome fuerza para seguir adelante y llenándome de Su gozo como dice en el salmos 16:11 «En tu presencia hay plenitud de gozo».

Después de un año de esa experiencia tuve un sueño. Vi a Dios con una túnica blanca sentado en una silla y yo estaba parada detrás de Él. Yo veía que hacía algo con sus manos y de pronto se puso de pie, se volteó y me dio una rosa roja y me dijo: «tú eres la rosa de sarón». Al despertarme del sueño pude descubrir que Dios ha estado conmigo y se ha dedicado a examinarme, a conocerme y a estudiar mis épocas de mi luchas y de descanso; pero más allá de lo que acabo de escribir, saber que Él desea estar conmigo y entenderme, así tan compleja como soy, y que Él quiere hacer algo de mí, sacude mi corazón de una manera exorbitante.

El amor de Dios sobrepasa todo entendimiento. El amor de Dios es inmenso, no tiene límite, es extraordinario, que extiende a todo conocimiento para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios; es decir, el amor de Dios es eterno. Él nos ama por individual, Su amor es irresistible, es único y nada ni nadie lo ha igualado en la manera en la que Él lo ha hecho.(Efesios 3:18-19)

¡CUÁNTO DIOS ME AMA!

Recuerdo en mis años de juventud que tuve una consejera quien fungía como pastora y directora de una de las universidades de Piedras Negras, Coahuila, en México, la cual me regaló un cassette que solo contenía una canción titulada «Mi Padre amante cuidará de mí». Este canto hizo un efecto en mí y comenzó a sucederle en mi interior algo de tal manera que ese vacío desapareció y empecé a sentir el amor de Dios, su presencia y a tomar mías todas esas palabras de esa canción. El amor de Dios y Su presencia fue suficiente para llenar el vacío de mi alma.

¿Por qué lo mencionó? porque hubo un tiempo muy difícil en mi juventud donde nada me hacía feliz, ni tenía paz; era un vacío que invadía mi ser; y aunque participaba en campamentos juveniles, cantaba en el coro, asistía a retiros, veladas de oración, etcétera, aún estaba ese vacío en mi interior.

Nunca se me ha olvidado que esa canción la llegué a escuchar tantas veces que terminé comprando tres copias de la misma.

Mi papá Dios me ha permitido disfrutar tantas bendiciones en mi largo caminar con Él. Por ejemplo: he probado el beso de un esposo maravilloso; he sentido la caricia tierna de mis hijos; he gozado el amor de mis nietos; he tenido el amor de mi nuera sin medida; he disfrutado el cariño de mis hermanos biológicos; he disfrutado la verdadera amistad; he tenido el consejo y la corrección de unos padres dedicados en mi crianza; he tenido el placer de tener un excelente mentor que lo da todo; he tenido el privilegio de recibir honores por mi buen aprovechamiento en la escuela dominical; he experimentado el dar todo por un ministerio; he visto el amor verdadero de un pueblo que ama a Dios; pero, NADA se compara con la experiencia que tuve del AMOR DE DIOS y sentir Su PRESENCIA en los momentos adversos a lo largo de mi vida y continúa cautivando mi alma.

A Dios no le asusta ni le toma por sorpresa tu manera de vivir tu vida. Dios no viene para juzgarnos, sino que viene a enseñarnos y nos guía por el camino correcto. Si estamos caídos, Él viene y nos levanta y nos sostiene. Si nos hemos apartado de Su camino, Dios nos busca y sana nuestras heridas; y si estamos confundidos, Él aclara nuestra mente.

Lo lindo de Dios es que él decide sentarse a nuestro lado para conocernos y examinarnos sin importar de qué color pinta nuestra vida; simplemente Él nos ama y su presencia en nosotros nos dice: «estoy aquí contigo».

DIOS NUNCA TE DEJA DE AMAR

Me pasó un suceso increíble —¡cómo olvidarlo!—. En una ocasión una de mis hermanas llevó a casa a varias jóvenes de la iglesia. Para ese entonces yo aún no había tenido un encuentro personal con Cristo. Recuerdo que una de las jóvenes se acercó y me dijo: «Dorita, Dios te ama y yo también». Me dio una paleta de dulce y se marchó. Esa frase y esa acción me dejaron sin palabras y por primera vez comenzaron a salir lágrimas de mis ojos al saber que Dios me amaba y alguién más. Al pasar el tiempo, esta misma joven me dijo: «un día te voy a ver predicar en un gran congreso para mujeres».

Amado lector, ¡DIOS TE AMA como nadie te ha amado! y quizás no hay manera de entenderlo, pero es así. ¡EL NOS AMA! y nuestro futuro está en sus manos y en los momentos más difíciles de nuestro caminar en este mundo. Su presencia está con nosotros dándonos paz y abrazándonos con sus brazos de amor.

Dios tiene la intención de estar contigo, de conocerte, de examinar todo lo tuyo, todos tus pensamientos, entender todo lo que tú piensas y conocer tu camino. Él quiere que tú sepas que está detrás y delante de ti y te rodea con su amor y su presencia.
Querido lector, ¡cuánto Dios te ama! Déjate amar para experimentar su amor infinito. Aunque queramos huir de su presencia, Él está aquí porque él nos ama,  nos formó y nos hizo en el vientre de nuestra madre. (Salmos 139:13)

¡Papá!, nunca es tarde

Por: Pastora Dora Quirarte

Hay dos pasajes en la Biblia que me cautivan porque van dirigidos precisamente a los que somos padres. Uno de ellos se encuentra en Efesios 6:4 que dice: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor». El otro está en Colosenses 3:21, y dice: «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten».

A la edad de nueve años tuve el privilegio de cuidar y atender a mi padre. A esa edad ya cocinaba su platillo favorito, lavaba sus camisas y las planchaba con almidón, preparaba su limonada y su jugo de naranja —todo hecho natural—, etc. Como mi padre era estricto, si no le gustaba cómo había hecho mis responsabilidades, me llamaba la atención y me daba una “cátedra” que muchas veces hizo exasperarme y subir mi furor, y confieso que en muchas ocasiones me sentí desalentada por su actitud.

La verdad es que la paternidad es una enorme responsabilidad y aprendemos durante la marcha. Gracias a Dios que la Biblia nos muestra cómo debemos ser padres; por ejemplo, en el pasaje que cité anteriormente [Efesios 6:4], el apóstol Pablo da unas instrucciones específicas a los padres.

Sin embargo, hay errores en la crianza de los hijos que producen la misma reacción dolorosa en ellos, por ejemplo: 

1.- La falta de un buen ejemplo

2.- La autoridad tipo “soldado”

3.- Exceso de sobreprotección o de guía

4.- Papás permisivos

En lo personal, crecí con la autoridad tipo “soldado” y, aunque esa fue la manera en que mi padre mostraba su amor hacia mí, muchas veces me exasperó.

¿Cómo podemos despertar la ira y la frustración en nuestros hijos? De muchas maneras. Por ejemplo: recuerdo que una vez le hice de comer a mi padre y a él le pareció que la comida no tenía sabor; molesto me dice: – «Mi Doris, no me gusto». Mi madre, desde su recamara le dijo: –«Juan, la niña hace lo que puede».

Siguiendo lo que dice el apóstol, la advertencia de no provocar a nuestros hijos a la exasperación se aplica a los niños y jóvenes de todas las edades. Tan importante es esto que lo menciona antes de dar cualquier exhortación positiva con el fin que los padres e hijos puedan convivir de una manera armoniosa.

¡PAPÁ!, NUNCA ES TARDE

La Biblia, que posee todo el consejo de Dios, da una clara dirección en cómo tener una relación de autoridad armoniosa entre ambos. Hay dos mandatos específicos para que haya respeto mutuo: «Hijos, obedezcan», y «Padres, no provoquen a ira»

El hijo, cuando honra a sus padres, recibe una recompensa y es «para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra». (Efesios 6:3)

Cuando vivía con mis padres un día llegó a nuestra casa un pastor de Nuevo Laredo, México, para compartir la palabra de Dios. Durante la charla, el pastor le preguntó a mi papá si deseaba hacer la oración de arrepentimiento y dejar que Cristo entrara a su corazón y mi padre dijo que sí. Recuerdo muy bien que desde ese día mi papá fue otro; me pidió perdón con un abrazo —y yo igual—; lloramos; nos dijimos que nos amábamos; dejó de ser autoritario y compartimos la mesa muchas veces con una sabrosa cena que yo misma preparaba. A las semanas de esa visita pastoral Dios lo llamó a su presencia.

Años después me casé con mi mejor amigo, un buen hombre que ama a Dios y tiene una gran pasión por servirle a Él. Tuvimos tres hijos maravillosos y ahora gozamos de ser abuelos de dos hermosos nietos. Ser madre me enseñó a comprender a mi padre y a darme cuenta de su amor hacia mí.

Sé que como mamá he tenido muchas fallas y he cometido errores durante la crianza de mis hijos y ahora puedo decir que mi padre no era perfecto pero sí fue un papá que de muchas maneras trataba decirme que todo lo que hacía era por mi bien. 

Necesitamos orar pidiendo que nuestro Padre celestial derrame Su gracia sobre nuestros hijos para que crean en Dios y puedan ser obedientes; y, a nosotros como padres, podamos ayudarlos a proyectar su fe y así extender el reino de Dios teniendo una descendencia que proclame a Cristo Jesús.

Si eres un papá y crees que en ocasiones has exasperado a tus hijos, HOY es el tiempo de pedir perdón. Y ustedes hijos, si creen que han sido irrespetuosos con su padres a la hora de que ellos los corrigen por amor, también HOY es el tiempo de pedir perdón.

¡HOY es el tiempo de la reconciliación!

La grandeza de la mujer

Por: Pastora Dora Quirarte

En el primer capítulo del libro de Rut se narra la historia de una mujer llamada Noemí. Cuando el marido y los dos hijos de Noemí murieron, esta le dijo a sus nueras: «Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como lo habéis hecho con los muertos y conmigo». La Biblia dice que una de sus nueras, Orfa, besó a su suegra y se marchó, mas Rut, la otra nuera, se quedó con ella.

Y entonces Rut le dice a Noemí la frase que aún resuena miles de años después: «No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos». (Rut 1:16-17)

¡Qué valentía! ¡Qué fuerza! ¡Qué mujer! Decidida a todo.

La historia de Rut me ha llevado a pensar en todas las mujeres que han impactado al mundo y han marcado una diferencia. 

El novelista y poeta británico, William Golding, quien fuera galardonado con el premio Nobel de literatura en 1983, decía que «cualquier cosa que des a una mujer, ella lo hará mejor. Si le das esperma, te dará un hijo. Si le das una casa, te dará un hogar. Si le das alimentos, te dará una comida. Si le das una sonrisa, te dará su corazón. Engrandece y multiplica cualquier cosa que le des».

Golding me hizo recordar a la madre del inventor Thomas Alva Edison, Nancy Elliot, quien fue clave en la formación del joven Edison el cual terminó dándole al mundo más de 1,300 inventos.

También, recordé la historia de la misionera Lillian Trasher quien 10 días antes de contraer nupcias con Tom Jordan, rompió el compromiso. La razón fue porque ella tenía un llamado para ir a predicar a África, pero él no; y dejó al amor de su vida por servir a Dios y llevar el evangelio hasta ese continente.

Y por último, mi madre Manuela Kabazaki. Esta gran mujer me enseñó dos cosas que quedaron selladas en mi corazón: «no hagas a otros lo que a ti no te gusta que te hagan» y «si no tienes nada bueno que decir, no digas nada».

Y podría ponerme a escribir y escribir de todo lo que mi madre me enseñó pero no terminaría nunca. Lo que sí te puedo decir de ella es que me enseñó hasta el último día de su vida —aún postrada en cama— y que gracias a su perseverancia en mí soy lo que soy hoy en día.

El libro de Proverbios capítulo 31 no se equivocó al elogiar a la mujer al llamarla «MUJER VIRTUOSA ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Le da ella bien y no mal. Todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche y da comida a su familia. Su lámpara no se apaga de noche. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso. No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Considera los caminos de su casa… Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir».

Estoy segura que cada hijo de la historia que mencioné de ellos llamarían a su madre: «MUCHAS MUJERES HICIERON EL BIEN; MAS TÚ SOBREPASAS A TODAS».

Cuánta razón tenía Golding al decir que cualquier cosa en las manos de una mujer aunque sea muy pequeño ella lo engrandecerá y lo multiplicará.

MUJER, te recuerdo que eres una creación perfecta de Dios y dentro de ti fluye una fuerza sobrenatural que te permite luchar por ti, por tus hijos, por tu familia, y Habrá días en los que te sientas derrotada, desilusionada, sin ganas de hacer nada, y aún así tendrás la energía necesaria para salir adelante pese a todo y contra todo.

Así es que ¡no te desanimes! Valdrá la pena todo el esfuerzo que hagas por tu familia, por tus hijos. Te invito a que inviertas en ellos y los conviertas en hombres y mujeres de bien y que el día de mañana sean un ejemplo a seguir en su comunidad, ciudad, estado, país y mundo entero.

Con cariño, pastora Dora Quirarte

Cuánto los niños nos enseñan

Por: Pastora Dora Quirarte

Un día trajeron algunos niños a Jesús para que los bendijera, pero los discípulos se opusieron. Jesús enfadado dijo que «el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».(Marcos 10:13-15)

¿Qué habrá querido decir Jesús con esa frase? Corresponde a una palabra en Mateo 18:3, que dice: «Si no cambiáis y no os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos».

Los niños tienen una transparencia plena, con una ausencia total de hipocresía y de segundas intenciones. Son sinceros, francos y espontáneos. Ellos dicen lo que sienten, no falsean las cosas, no saben de protocolos ni de diplomacia. Tienen confianza en las personas, a quienes se abandonan fácilmente y en quienes confían sin cálculos. El asombro y la curiosidad le acoge al niño, ya que todo le sobrecoge y le admira; todo para él es nuevo y, por ende,nunca se aburre. Su disponibilidad es increíble y admirable pues está abierto a todo, sin condicionamiento y sin resabios. 

Por esas y muchas razones más el niño se convierte en un verdadero modelo para cada uno de nosotros. 

El Dr. Moody, en una de sus tantas anécdotas decía que cuando empezó a predicar vio que la gente mayor no le gustaba o se aburría. Así es que salió a la calle y consiguió 18 niños que lo siguieran a la escuela dominical. Definitivamente el doctor Moody sabía que los niños son de una singularidad única e irrepetible.

Otra de sus fascinantes anécdotas del Dr. Moody dice que un día vino un caballero a verlo en la oficina de su casa pues quería presentarle a un joven que acababa de salir de la penitenciaría. Cuando entraron, el Dr. Moody le dio la mano, le expresó su satisfacción por conocerlo y luego lo llevó adentro para que saludara a su familia. Cuando su hijita Emma entró a la habitación, el Dr. Moody le dijo: «Emma, este es un amigo de tu papá». Entonces la chiquilla fue y lo besó. El hombre comenzó a llorar.  Cuando la niñita salió de la habitación, le dijo al Dr. Moody: «Señor, hace años que nadie me besa. El último beso que recibí fue el de mi madre, que estaba moribunda».

Nos damos cuenta una vez más, a través de estas increíbles anécdotas, que los niños son sencillos de corazón, que nos hacen ver la vida de otra manera y nos vienen a cambiar nuestro mundo. Por algo Jesús se enojó con sus discípulos, y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! pues al  reino de Dios pertenece a los que son como estos niños». (Marcos 10:14)

Deseo compartir con ustedes, queridos lectores, una experiencia personal muy linda y única y que precisamente tiene que ver con UN NIÑO. En una ocasión mi esposo y yo fuimos a cenar con unos amigos pastores y su familia. Entre la plática, el más pequeño de sus hijos dijo: «Ella es real. ¡Sí! La pastora Dora es real. ¡Papá! ¡Mamá! La pastora Dora es real. ¡Mírala! Ella es real».

Estas palabras, lejos de hacerme sentir como «un pavorreal» o exaltar mi «ego sano», me hicieron meditar y pensar en lo que había visto ese pequeño en mí para haber dado una declaración como la que usted acaba de leer. Sus palabras me llevaron a una escena que me sucedió en la terraza de mi casa cuando tenía tan solo nueve años de edad. Recordé que en esa ocasión estaba contemplando el cielo y le preguntaba a Dios si existía; si era real. A los dos días de hacerle esas preguntas a Dios tocaron a la puerta de mi casa invitándonos a una reunión en un hogar llamada «célula». Asimismo, las palabras de este niño eran las mismas de Dios contestando aquella pregunta que le había hecho en mi niñez: «¿Tú existes? ¿Eres real?»

Una y otra vez compruebo en mi diario vivir que DIOS ES REAL. Él nos diseñó, a ti y a mí únicos, originales e irrepetibles. Somos un verdadero milagro divino.

La Psicóloga Sherrie Campbell dice: «Tienes que ser lo suficientemente seguro en ti para ser capaz de considerar las ideas y los sentimientos de los demás». También dice que «cuando se vive auténticamente no tienes tiempo para quedarte pegado en las emociones que provocan los a veces necesarios reveses temporales». Y, termina diciendo: «El auténtico líder sabe que ciertas batallas se deben perder para ganar la guerra. Cuando sabes lo que eres, no mantienes actitudes críticas hacia los demás».

Considero entonces que los niños tienen una sabiduría divina pues desafían nuestras creencias y pulverizan nuestras certezas; son nuestros pequeños maestros.

Amado lector, les invito a que nos detengamos y empecemos a ver el mundo a través de la mirada de un NIÑO, porque quizás en nuestro afán de la vida olvidamos que ellos, a su vez, son la clave de poder decir:

“CUÁNTO LOS NIÑOS NOS ENSEÑAN “

Cuando Dios usa al menos indicado

Por: Pastora Dora Quirarte

Jonás fue un profeta en la Biblia hebrea del reino norte de Israel del siglo VIII a.C. 

Este personaje es la figura central del libro que lleva su mismo nombre, donde se relata cómo Jehová lo llama a advertirle a los habitantes de Israel de la ira divina.

Jonás era contemporáneo de Oseas y Amós; y todos vivían en Israel. En el primer versículo del libro de Jonás se dice que era hijo de Amitai.

Este profeta también se menciona en el segundo libro de Reyes 14:25 donde habla acerca del reinado de Jeroboam II, rey de Israel, quien restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el Mar de Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel dicha por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer.

Siendo que Jonás vivió durante el reinado de Jeroboam, es posible que haya vivido cerca del año 788 a.C.; y queda comprobado por 2 de Reyes 14:25 que la historia de Jonás es verdadera.

El relato del libro de Jonás nos habla acerca de la ciudad de Nínive, capital de Asiria, ubicada a 900 kilómetros al este de Israel, la cual estaba en esa época en rebelión con Dios. Los asirios eran conocidos por su maldad: violaban a sus mujeres, torturaban a sus hijos de manera horrible, etcétera. Cuentan los libros históricos que los asirios eran tan crueles que escribían en los muros con la sangre de sus víctimas. 

Sin embargo, Jehová fue misericordioso con ellos y los perdonó.

Lo más interesante de esta historia fue que Dios escogió al menos indicado para realizar Su obra de misericordia y perdón: a Jonás.

Y ¿por qué digo que escogió al menos indicado? Porque Jonás estaba enojado de que Dios perdonara al pueblo de Nínive —ya que los asirios eran enemigos de Judá e Israel y Jonás quería que Jehová trajera juicio sobre estas personas que él odiaba—.  

Los eruditos creen que el conocimiento de Jonás sobre la brutalidad asiria pudiese haber sido producto de su propia experiencia; quizá porque conocía de alguien que hubiese muerto durante una de sus incursiones infames —como un miembro familiar— y se tornó algo personal.

Por ejemplo, Jonathan  Swift escribió algunos versos que expresan esta forma de pensar de Jonás: «“Somos los pocos de Dios, todos los demás serán condenados”; “No hay lugar en el cielo para tí”; “No podemos atiborrar el cielo”».

Jonás fue conocido por sus actividades proféticas y su participación tan importante en la redención de Israel. Pero, sobre todo por ser el que menos encajaba en tan importante misión redentora.

No por nada la historia de este profeta fue mencionada por Jesús cuando le pidieron una señal del cielo. Y es que el incidente en la vida de Jonás fue símbolo de la propia muerte y resurrección de Jesucristo (Vea: Mateo 12:39-41 y Lucas 11:29-30). Es decir, fue un símbolo de Cristo por el hecho de que se encontró en el vientre del gran pez —en el seol, según sus propias palabras (Jonás 2:2)—, tal como Jesucristo estuvo en la tumba durante tres días, y después resucitó.

Los eruditos C. F Keil y F. Delitzsch, demostraron que el significado simbólico de la historia de Jonás es más amplio todavía: «La misión de Jonás fue un hecho de importancia simbólica que tuvo el propósito no solamente de hacer comprender a Israel la posición de los gentiles en el reino de Dios, sino también se representa el día en que los paganos que obedecieron la palabra de Dios se unieran en fraternidad para gozar de la salvación preparada en Israel para todas las naciones».

Jonás valientemente proclamó que Jehová era el único Dios de toda la creación y era un Dios misericordioso. 

Jonás nos dio a conocer que Dios puede usar al menos indicado para ser un instrumento de redención, misericordia y perdón ante la rebeldía humana.

¿Alguna vez te has sentido como el menos indicado?

En una de las tantas anécdotas e ilustraciones escritas por D.L. Moody, dice: «Dios quiere que brillemos no todos podemos ser faros, pero cualquiera de nosotros puede ser una velita de sebo. Una lamparita a veces puede hacer mucho… Que no te haga creer Satanás que porque no puedes hacer grandes cosas, no puedes hacer nada». 

Dios es capaz de usar hasta el menos indicado y el día menos esperado te sorprenderá. ¡NOS SORPRENDERÁ!.

Mientras escribo estas líneas pienso en todos los errores que he cometido en mi vida, pero Dios no ha dejado de guiarme. A veces veo a Dios como el GPS de mi automóvil, que cuando hacemos un giro equivocado, recalcula la ruta para poder llegar a nuestro destino.

Es mi deseo, querido lector, que el mensaje de Jonás, aunque escrito y pensado para el pueblo de Nínive, le cautive para saber que Dios usa y elige lo que el mundo considera ridículo.

Recuerde que el propósito de Dios para usted y para mí es más grande que nuestras fallas.

DEJÉMONOS usar por Dios aunque nos consideremos los menos indicados.

Vasijas siempre llenas

Por: Pastora Dora Quirarte

¿Alguna vez te has preguntado quién era Elías?

La Biblia nos habla de este profeta de Dios que realizó múltiples prodigios.

Lo más interesante de esta pregunta es lo que ha generado en los estudiosos de la Biblia y que se han apasionado por conocer la biografía de este profeta bíblico. Por ejemplo:

Eduardo E. Mancilla Reyes publicó una nota donde decía que «Elías “Tisbita” era un hombre que se crío en el desierto, fue abandonado por sus padres, era analfabeto (por eso ningún libro bíblico escribió), pero creía y daba la vida por Dios de tal forma que Dios no quiso que conociera lo que era pasar por la muerte física y lo llevó al cielo en una carroza de fuego».

Otros eruditos dicen que Elías, según la Biblia, fue un profeta hebreo que vivió en el siglo IX A.C.

Con relación a lo que dice 1 de Reyes 17:1, donde se llama a Elías “tisbita”, algunos eruditos dicen que era oriundo de Tisbé, una región al Norte de Galilea. Sin embargo, el teólogo erudito Adam Clarke sugirió que Elías provenía de Galaad(*), más allá del Jordán, en la tierra dada a la Tribu de Gad. 

Quienquiera que tenga la razón en cuanto a su procedencia geográfica, es evidente que “tisbita” se refiere al lugar de donde provenía el profeta.

En el primer libro de Reyes 17:3, el escritor refiere que Elías pudo esconderse sin peligro de los comerciantes o viajeros casuales. También, se habla que era un lugar desolado en el que no había vida animal y donde Elías dependía completamente del Señor para su sostén.

En este pasaje se nos describe un suceso sobrenatural pues menciona que los cuervos lo alimentaban de mañana y tarde. Buscando un poco sobre este acontecimiento, encontré un dato muy interesante en cuanto a quién lo alimentó. Hay quienes insisten — desde la perspectiva racional y como una manera de quitarle la gloria a Dios— en que el término “cuervo” es un error de traducción y que debería decir “mercaderes o comerciantes”; pero el escritor bíblico sugiere de que se trataba de un cuidado milagroso, mas que un intercambio entre Elías y otros hombres

Así pues, el profeta Elías sigue siendo motivo de investigación muchos siglos después de su existencia; y no está de más, pues estamos hablando de uno de los profetas más grandes en la historia de Israel y de todos los tiempos. Elías es uno de los pocos profetas con una dimensión espiritual impresionante.  

Él, con todas sus “limitaciones” hizo cosas increíbles que no encajaban, y encajan, con la lógica humana. Por ejemplo: tuvo el poder de levantar a los muertos; traer fuego del cielo; hacer que la lluvia no cayera; que las tinajas de harina y aceite no quedaran vacías; y, la que marcó a toda una ciudad para creer que Dios era el dios verdadero, fue que eliminó a los más de 800 profetas de los dioses falsos: Asera y de Baal, que distorsionaban el corazón del pueblo y evitaban que la nación entera cayera de rodillas ante el único y verdadero Dios.

¿Cuántos de nosotros nos hemos visto intimidados por nuestras limitaciones? El profeta Elías, siendo un hombre disfuncional Dios lo usó de una manera sobrenatural haciendo milagros y convenciendo a toda una nación de creer que Dios era el verdadero.

Todos nosotros somos de una manera o otra disfuncionales pero aún así Dios puede usarnos sin importar nuestras limitaciones; así que si Dios lo hizo con el Profeta Elías también lo puede hacer en nosotros.

(*) Galaad es una región de Gad y Manasés al oriente del río Jordán. Se estima que Tisbe estaba cerca a Wadi Chorath la cual se encuentra al oriente del río Jordán, al norte de Jabes de Galaad, en la región montañosa de Galaad.

La ofrenda que agrada a Dios

Génesis 4:1-7

Por: Pastora Dora Quirarte

Dice la palabra de Dios que conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín; después dio a luz a Abel. 

Abel fue pastor de ovejas y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y Abel trajo también, de los primogénitos de sus ovejas, lo más gordo de ellas; y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.     

Dios no hizo excepción de personas en estos dos hermanos. Tampoco despreció la ofrenda de Caín y estimó la ofrenda de Abel; solo no le agradó la ofrenda. Lo que Dios está tratando de enseñarnos no es el cuál de la ofrenda, sino el cómo. Es decir, Jehová miró con agrado la ofrenda de Abel porque era lo primero, era algo dedicado, era algo separado, era algo que Abel había invertido tiempo y dedicación. 

Haciendo una paráfrasis de la historia, Abel escogió la ovejita más tierna, la más pura; y la cuidó, la alimentó con mucho cuidado para luego traerla como ofrenda a Jehová. En cambio, Caín solo recogió la cosecha sin tomar en cuenta que se asegurara que fuera la primera que había sembrado, lo más apetecible a los ojos, lo que no estaba dañado, etc.

La historia tiene un desenlace fatal. Dice la Biblia que Caín se llenó de envidia y celos al ver que Jehová había visto con agrado la ofrenda de su hermano Abel; entonces en el capítulo cuatro, versículo ocho, del libro de Génesis, nos relata lo sucedido: «Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató».

Esta historia tiene varias enseñanzas poderosas, pero me gustaría centrarme en una en particular que considero pertinente compartir: debemos cuidar que la envidia y los celos no tomen control de nuestro corazón porque poco a poco podrían matarnos sin darnos cuenta.

El Dr. Moody decía en una de sus Anécdotas que «había dos águilas. Una de ellas podía volar más alto que su compañera y a esta eso no le gustaba nada. Entonces, la menos capaz habló un día con un tirador y le pidió que derribara a su rival. El tirador le dijo que lo haría si tuviese plumas adecuadas para sus flechas. Entonces el águila arrancó dos plumas de sus alas y se las entregó. El cazador disparó sus flechas, pero no alcanzaron al águila, que volaba demasiado alto. La compañera envidiosa siguió arrancándose las plumas hasta que al fin se sacó tantas que no pudo volar, y el cazador la mató». Al final de la anécdota dice el Dr. Moody: «Mi amigo, si sufres de envidia, la única persona a quien harás daño es a ti mismo».

Me gustaría cerrar, querido lector, recordándote entonces que la ofrenda que agrada a Dios es la primera; la pura; la que sale del corazón —donde no hay lugar para los celos, ni para la envidia—; la dedicada y apartada para el Rey de reyes y Señor de señores.

Los invito a que a la hora de dar algo a Dios, le demos lo PRIMERO.