Cuánto los niños nos enseñan

Por: Pastora Dora Quirarte

Un día trajeron algunos niños a Jesús para que los bendijera, pero los discípulos se opusieron. Jesús enfadado dijo que «el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».(Marcos 10:13-15)

¿Qué habrá querido decir Jesús con esa frase? Corresponde a una palabra en Mateo 18:3, que dice: «Si no cambiáis y no os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos».

Los niños tienen una transparencia plena, con una ausencia total de hipocresía y de segundas intenciones. Son sinceros, francos y espontáneos. Ellos dicen lo que sienten, no falsean las cosas, no saben de protocolos ni de diplomacia. Tienen confianza en las personas, a quienes se abandonan fácilmente y en quienes confían sin cálculos. El asombro y la curiosidad le acoge al niño, ya que todo le sobrecoge y le admira; todo para él es nuevo y, por ende,nunca se aburre. Su disponibilidad es increíble y admirable pues está abierto a todo, sin condicionamiento y sin resabios. 

Por esas y muchas razones más el niño se convierte en un verdadero modelo para cada uno de nosotros. 

El Dr. Moody, en una de sus tantas anécdotas decía que cuando empezó a predicar vio que la gente mayor no le gustaba o se aburría. Así es que salió a la calle y consiguió 18 niños que lo siguieran a la escuela dominical. Definitivamente el doctor Moody sabía que los niños son de una singularidad única e irrepetible.

Otra de sus fascinantes anécdotas del Dr. Moody dice que un día vino un caballero a verlo en la oficina de su casa pues quería presentarle a un joven que acababa de salir de la penitenciaría. Cuando entraron, el Dr. Moody le dio la mano, le expresó su satisfacción por conocerlo y luego lo llevó adentro para que saludara a su familia. Cuando su hijita Emma entró a la habitación, el Dr. Moody le dijo: «Emma, este es un amigo de tu papá». Entonces la chiquilla fue y lo besó. El hombre comenzó a llorar.  Cuando la niñita salió de la habitación, le dijo al Dr. Moody: «Señor, hace años que nadie me besa. El último beso que recibí fue el de mi madre, que estaba moribunda».

Nos damos cuenta una vez más, a través de estas increíbles anécdotas, que los niños son sencillos de corazón, que nos hacen ver la vida de otra manera y nos vienen a cambiar nuestro mundo. Por algo Jesús se enojó con sus discípulos, y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! pues al  reino de Dios pertenece a los que son como estos niños». (Marcos 10:14)

Deseo compartir con ustedes, queridos lectores, una experiencia personal muy linda y única y que precisamente tiene que ver con UN NIÑO. En una ocasión mi esposo y yo fuimos a cenar con unos amigos pastores y su familia. Entre la plática, el más pequeño de sus hijos dijo: «Ella es real. ¡Sí! La pastora Dora es real. ¡Papá! ¡Mamá! La pastora Dora es real. ¡Mírala! Ella es real».

Estas palabras, lejos de hacerme sentir como «un pavorreal» o exaltar mi «ego sano», me hicieron meditar y pensar en lo que había visto ese pequeño en mí para haber dado una declaración como la que usted acaba de leer. Sus palabras me llevaron a una escena que me sucedió en la terraza de mi casa cuando tenía tan solo nueve años de edad. Recordé que en esa ocasión estaba contemplando el cielo y le preguntaba a Dios si existía; si era real. A los dos días de hacerle esas preguntas a Dios tocaron a la puerta de mi casa invitándonos a una reunión en un hogar llamada «célula». Asimismo, las palabras de este niño eran las mismas de Dios contestando aquella pregunta que le había hecho en mi niñez: «¿Tú existes? ¿Eres real?»

Una y otra vez compruebo en mi diario vivir que DIOS ES REAL. Él nos diseñó, a ti y a mí únicos, originales e irrepetibles. Somos un verdadero milagro divino.

La Psicóloga Sherrie Campbell dice: «Tienes que ser lo suficientemente seguro en ti para ser capaz de considerar las ideas y los sentimientos de los demás». También dice que «cuando se vive auténticamente no tienes tiempo para quedarte pegado en las emociones que provocan los a veces necesarios reveses temporales». Y, termina diciendo: «El auténtico líder sabe que ciertas batallas se deben perder para ganar la guerra. Cuando sabes lo que eres, no mantienes actitudes críticas hacia los demás».

Considero entonces que los niños tienen una sabiduría divina pues desafían nuestras creencias y pulverizan nuestras certezas; son nuestros pequeños maestros.

Amado lector, les invito a que nos detengamos y empecemos a ver el mundo a través de la mirada de un NIÑO, porque quizás en nuestro afán de la vida olvidamos que ellos, a su vez, son la clave de poder decir:

“CUÁNTO LOS NIÑOS NOS ENSEÑAN “

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