La grandeza de la mujer

Por: Pastora Dora Quirarte

En el primer capítulo del libro de Rut se narra la historia de una mujer llamada Noemí. Cuando el marido y los dos hijos de Noemí murieron, esta le dijo a sus nueras: «Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como lo habéis hecho con los muertos y conmigo». La Biblia dice que una de sus nueras, Orfa, besó a su suegra y se marchó, mas Rut, la otra nuera, se quedó con ella.

Y entonces Rut le dice a Noemí la frase que aún resuena miles de años después: «No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos». (Rut 1:16-17)

¡Qué valentía! ¡Qué fuerza! ¡Qué mujer! Decidida a todo.

La historia de Rut me ha llevado a pensar en todas las mujeres que han impactado al mundo y han marcado una diferencia. 

El novelista y poeta británico, William Golding, quien fuera galardonado con el premio Nobel de literatura en 1983, decía que «cualquier cosa que des a una mujer, ella lo hará mejor. Si le das esperma, te dará un hijo. Si le das una casa, te dará un hogar. Si le das alimentos, te dará una comida. Si le das una sonrisa, te dará su corazón. Engrandece y multiplica cualquier cosa que le des».

Golding me hizo recordar a la madre del inventor Thomas Alva Edison, Nancy Elliot, quien fue clave en la formación del joven Edison el cual terminó dándole al mundo más de 1,300 inventos.

También, recordé la historia de la misionera Lillian Trasher quien 10 días antes de contraer nupcias con Tom Jordan, rompió el compromiso. La razón fue porque ella tenía un llamado para ir a predicar a África, pero él no; y dejó al amor de su vida por servir a Dios y llevar el evangelio hasta ese continente.

Y por último, mi madre Manuela Kabazaki. Esta gran mujer me enseñó dos cosas que quedaron selladas en mi corazón: «no hagas a otros lo que a ti no te gusta que te hagan» y «si no tienes nada bueno que decir, no digas nada».

Y podría ponerme a escribir y escribir de todo lo que mi madre me enseñó pero no terminaría nunca. Lo que sí te puedo decir de ella es que me enseñó hasta el último día de su vida —aún postrada en cama— y que gracias a su perseverancia en mí soy lo que soy hoy en día.

El libro de Proverbios capítulo 31 no se equivocó al elogiar a la mujer al llamarla «MUJER VIRTUOSA ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Le da ella bien y no mal. Todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche y da comida a su familia. Su lámpara no se apaga de noche. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso. No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Considera los caminos de su casa… Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir».

Estoy segura que cada hijo de la historia que mencioné de ellos llamarían a su madre: «MUCHAS MUJERES HICIERON EL BIEN; MAS TÚ SOBREPASAS A TODAS».

Cuánta razón tenía Golding al decir que cualquier cosa en las manos de una mujer aunque sea muy pequeño ella lo engrandecerá y lo multiplicará.

MUJER, te recuerdo que eres una creación perfecta de Dios y dentro de ti fluye una fuerza sobrenatural que te permite luchar por ti, por tus hijos, por tu familia, y Habrá días en los que te sientas derrotada, desilusionada, sin ganas de hacer nada, y aún así tendrás la energía necesaria para salir adelante pese a todo y contra todo.

Así es que ¡no te desanimes! Valdrá la pena todo el esfuerzo que hagas por tu familia, por tus hijos. Te invito a que inviertas en ellos y los conviertas en hombres y mujeres de bien y que el día de mañana sean un ejemplo a seguir en su comunidad, ciudad, estado, país y mundo entero.

Con cariño, pastora Dora Quirarte

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