Dios pelea por nosotros

Por: Pastora Dora Quirarte

En el libro de Éxodo14:14 dice: «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos».

Este versículo me hizo recordar la historia del rey Josafat. Él estaba rodeado por los ejércitos de Siria, Moab y Amón y pensó no poder seguir adelante; entró en temor, pero humilló su rostro y estuvo tranquilo confiando que Jehová pelearía por él. (2 de Crónicas 20)

La vida cristiana está llena de batallas; unas que se ganan y otras que se pierden. Las que se ganan son las que descansamos en Dios y dejamos que él pelee por nosotros.

Hace tres semanas tuve una experiencia que me confirmó que Dios pelea por nosotros cuando dejamos que Él lo haga.

Era un lunes por la mañana, a eso de las 9:40, fui a comprar algunas cosas que me faltaban para la cena, pero primero pasé a la cafetería que había allí mismo en la tienda. Le pregunté a la señorita si tenía un pan que tuviera chocolate; me respondió con una mueca indicando que mirara hacia la ventanilla de vidrio que era donde tenía los diferentes tipos de pan y de sabores. Me hizo otra mueca y me indicó que yo misma lo encontrara. Le dije que me era difícil alcanzarlo y le volví a pedir de favor que me ayudara. Se molestó y golpeó el mostrador con la palma de su mano. Percatándome de su mala actitud, la miro y le digo: «Gracias», y me retiré para hacer mis compras. Cuando iba rumbo a la registradora escuché unos gritos de un hombre de la tercera edad dirigidos precisamente a la señorita de la cafetería. El gerente se percató de la situación y preguntó: – «¿todo bien?» y el anciano respondió: – «¡Nada bien! Esta señorita me ha dado un mal servicio». El hombre comenzó a  tirar los artículos que tenía con él y que aún no había pagado y salió de la tienda muy enojado. El gerente se dirigió hacia la señorita y le llamó la atención de una manera muy severa. Yo iba a acercarme para contarle que a mí también me había tratado mal, pero una voz dentro de mí me  dijo: «ya estoy peleando por tí». Me di la vuelta; salí de la tienda; miré al cielo y dije: «¡Gracias Dios!». Cuando iba manejando rumbo a la casa pensé en lo maravilloso que es cuando dejas que Dios pelee por ti.

Se cuenta que un Duque de Sajonia declaró la guerra a un obispo alemán. En aquel tiempo los obispos tenían recursos militares, así como nobleza secular; pero este era un buen obispo —uno de los pocos buenos en aquellos malos tiempos—.

El duque envió un espía al palacio del obispo para informarse de las fuerzas que este movilizaría en su contra.

Cuando regresó, el espía fue ansiosamente interrogado por el duque. –«Pues, señor», respondió el hombre, «el obispo no está haciendo ninguna preparación para la guerra», agregó. –«¿Cómo es posible?» Replicó el duque. «¿Qué ha dicho?».

«Su tarea es alimentar su rebaño, predicar la palabra de Dios, visitar a los enfermos y que en cuanto a la guerra, se la encomienda al DIOS TODOPODEROSO porque “Jehová de los ejércitos” es más entendido en guerras que él», contestó el espía. –«Si es así», declaró el duque reflexivamente, «no voy a meterme en una guerra con este hombre porque es demasiado peligroso».

Cuántas veces nosotros pensamos como el duque olvidándonos muchas de las veces que Dios es quien pelea por nosotros. Nos estresamos y desesperamos pensando cómo venceremos; cuál será la mejor forma de hacerle frente al enemigo sin importar el nombre que este tenga: llámese deuda, problemas familiares, falta de trabajo, problemas migratorios, problemas legales, enfermedad, etc. Debemos permanecer quietos y confiar que Dios peleará por tí; por mí; por nosotros.

Amado lector, sé que vivimos en un mundo quebrantado. La vida puede ser dura y a veces cruel. Cada día nos enfrentamos con batallas tanto en lo físico, como en lo espiritual. La pregunta es: ¿Cómo nos defenderemos? Bueno, recordando la palabra de Dios a través de predicaciones, estudios bíblicos, devocionales y sobre todo oración.

Recuerda que Dios está con nosotros y nunca estaremos solos, aunque las cosas salgan mal, Dios lo puede transformar en algo bueno.

Así que seamos fuertes y valientes sin importar qué tan grande sea el enemigo que se ha levantado contra nosotros.  Permanezcamos quietos que Jehová peleará por nosotros. ¡AMÉN! ¡ALELUYA! 

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