El mes «génesis» del nuevo año

Por: RGO.-

Comienza el nuevo año 2015 y con él se van a repetir las promesas de Dios para con su pueblo, pues así lo dice 2Corintios 1:20: «Todas las promesas de Dios son en él sí, y en él amén, por medio de nosotros, para su gloria». Y hay un canto que muestra que sus hijos por derecho de redención nos lo podemos apropiar:

Las promesas del Señor mías son,
Las promesas del Señor mías son,
En la Biblia yo las leo y sé,
Las promesas del señor mías son.

También un himno que en una de sus estrofas refiere:

Todas las promesas del señor Jesús,
Son apoyo poderoso de mi fe.
Mientras viva aquí rodeado de su luz
Siempre en ellas confiaré.

Por otra parte, se afirma concretamente que son 8,010 y que probablemente pasan de 30,000 promesas en la Biblia.

Siendo así, aferrémonos a todas sin dilación, ya que en calidad de bendiciones o misericordias son nuevas cada mañana.(Lamentaciones 3:23)

Pero, ¿Qué de tus promesas y las mías hechas a Él? ¿Acaso le hemos renovado nuestros votos o nos excusamos dicien-do: «prometer no empobrece»? Miremos lo que menciona Eclesiastés 5:4,5 «cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas». Es que según el pasaje completo(Eclesiastés 5:1-7) no cumplir con lo prometido a Dios es irreverencia, necedad o insensatez, pecado, mentira, pretexto, provocación, fantasía, vanidad; cuando debe ser temer a Dios y guardar sus mandamientos como principio de sabiduría y el todo del hombre.(Eclesiastés 12:13)

Por tanto, si desde el principio de este nuevo año le hemos prometido serle fiel al Señor en nuestros diezmos y ofrendas, en evangelizar, en los puestos en la iglesia, en santidad creciente, en orar y leer la Biblia, en el llamado a servirle de por vida, etc.,  respondámosle, pues, cual deudores impagables e hijos agradecidos al máximo porque «nos ha dado preciosas y grandísimas promesas»(2 Pedro 1:4) y «Fiel es el que prometió».(Hebreos 10:23) Por lo demás, «si fuéremos infieles, el permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo».(2 Timoteo 2:13)

Próspero año nuevo a todos.∞

Enero 2015

Por: Moisés Gómez.-

Nunca había experimentado tanto miedo como cuando mi hijo convulsionó a causa de la intensa fiebre que lo azotó por varios días.

Víctima de la ignorancia, sufrí al no saber qué hacer cuando sus ojos se pusieron en blanco, su rostró se tornó azul y su cuerpo comenzó a temblar.

Inmediatamente, el servicio de emergencias nos calmó y dijo qué hicieramos hasta que pasara la convulsión.

Aunque el suceso duró escazos 60 segundos, para mí parecían una eternidad.

¡Una eternidad! qué interesante que yo usara esta palabra para decir que sentí que pasó mucho tiempo. Gracias a Dios que mi hijo está bien, recuperado, sano nuevamente.

¿Te imaginas el dolor que sienten los que hemos perdido un ser querido? ¿La angustia que representa tener a un familiar postrado? ¿La desolación al ver morir a alguien por cualquier causa?

Dios nos dio a su único hijo —sin importar su dolor— para morir por nuestros pecados y darnos una ETERNIDAD con Él.

Como mi Padre celestial, yo sé que el se goza en mis alegrías y sufre en mis fracasos. Lo he vivido con mi hijo y ahora comprendo que Dios es igual —y aún mejor— en mi vida.

Mi pequeño me enseñó a confiar más en Dios, a no olvidar que mi dependencia es para Él. Hoy decido ser un mejor padre, un mejor esposo, un mejor amigo, porque yo sé que Dios es así conmigo.

¿Te imaginas una ETERNIDAD al lado de nuestro creador? Tan sólo estaremos 60 segundos en esta vida, y después de ella, para siempre con Él.

Si tú aún no conoces a Jesús, te invito a que leas la columna que está a un lado de este editorial, reconozcas tu necesidad de Dios, le entregues tu vida a Él y recibas el regalo de la vida eterna.

¿Mencioné que después de la fiebre de mi hijo, él ahora me ve con más amor que antes? Me imagino que él pudo ver el cariño y la ternura con que su mamá y yo lo atendimos para que sanara. Él sabe que cuenta con nosotros, que lo amamos y queremos lo mejor para su vida.

Y así ‘mismito’ es Dios con nosotros.

Feliz inicio de año. Que Dios te bendiga y te guarde.

En Cristo

Moisés Gómez

‘¡Creo firmemente en la unidad y la paz!’

Por: Jorge Quirarte.-

En los últimos años Dios ha estado ministrando mi vida de una manera muy hermosa y singular a través de la UNIDAD y la PAZ.

La Biblia enseña en Efesios 4:3 que hay que ser «solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz».

Otra versión dice: «Esfuércense». (NVI)

Es interesante ver como en los dos versículos de las diferentes versiones se emplean estas dos palabras: unidad y paz.

¡Estoy convencido de esto! La unidad y la paz es solo para personas VALIENTES como usted y como yo.

Siendo pastor, ministro y reverendo de una iglesia, mi objetivo principal y predicación debe ser llevar al cuerpo de Cristo a la unidad y a la paz.

Jesús en su tiempo aquí en la tierra nos enseñó estas cosas (Juan 16:33). Por eso, mi compromiso y preocupación constante es la de proclamar y enseñar a mis hermanos estos dos puntos principales que se han ido olvidando.

Creo que mis feligreces son la imagen de lo que enseño y predico —aun con mis acciones— cada semana durante el Pulpito.

Durante mis tiempos de ministración, visita pastoral y ayuda espiritual, veo cómo la gente se comporta tan neutral o flexible en sus desiciones a tomar. Pero cuando se toca el tema acerca de la unidad y de la paz hacia nuestro prójimo, son tan expresivos que lo manifiestan de inmediato en su semblante y en sus reacciones.

¿Usted ha estado en esa situación? Créame, no es facíl, pero
tampoco es imposible lograr esas dos cosas (Lucas 18:27b y c).

No nos escondamos cuando se nos predique sobre la unidad y la paz. Hoy más que nunca debemos estar unidos para enfrentar al enemigo de nuestras almas y lograr derrotarlo en cada acción que hagamos, juntos, como un solo cuerpo.

Dios es especialista en cosas que nosotros no podemos hacer.

Espero que esta pequeña enseñanza sea de bendición para su vída en general (física y espiritual).

Estaré en oración para que, el día que usted llegue a leer esta columna, Dios siembre la semilla en su corazón y busque estar en unidad con quien no puede tenerla y encuentre la paz con quien usted no tiene.

Dios le bendiga grandemente y tenga un hermoso día en Jesús.∞

¡Somos de Cristo!

Por: Hermán Colón.-

Todos se llamaban cristianos. Todos hacían sus reuniones de adoración. No obstante, habían contiendas divisoras.

Pablo dijo en 1 Corintios 1:11-13 «…Me refiero a que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolos, yo de Cefas, yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros?…».

Los hermanos no manifestaban disensiones explícitas, sólo sectarismos exclusivistas. Lamentablemente, la unidad espiritual no podía progresar. Veamos los cuatro grupos que Pablo estaba tratando de reconciliar:

1. Yo soy de Pablo

Este grupo era el de los gentiles recién convertidos. Pablo predicaba el Evangelio de la gracia de Dios que se había interpretado mal. Los genti-les habían tornado su libertad en libertinaje. Ellos se habían olvidado que Cristo los hizo libre del pecado para que no sirvieran al pecado ya más.

2. Yo soy de Apolos

Hechos 18:24 dice que Apolos era un hombre elocuente y poderoso en las Escrituras. Alejandría era el centro de actividad intelectual. Los Alejandrinos fueron los que intelectualizaron el Cristianismo. Aquellos que clamaban pertenecer a Apolos eran los intelectuales que con avance rápido estaban trastornando el Cristianismo en una filosofía.

3. Yo Soy de Cefas

Cefas es el nombre judío de Pedro. Estos enseñaban que era necesario todavía observar la ley Judía. Estos eran unos legalistas que exaltaban la ley y terminaban abandonando la gracia de Dios.

4. Yo Soy de Cristo

Esta frase tiene dos posibles significados. Puede ser que Pablo estaba diciéndoles a los Corintios que él pertenece a Cristo, o bien, que existía un pequeño grupo que era una secta rígida que se llamaban ser los únicos verdaderos cristianos en Corinto. Pueden ser descritos como un grupo pequeño compuesto por personas intolerantes y autojustificados.

Amados hermanos, no sigamos el ejemplo de ellos. Cristo fue el único crucificado por nosotros. Todos los redimidos somos de Cristo y pertenecemos a Él. Es menester que Él crezca y nosotros mengüemos. Que sigamos la agenda del Cordero y no la de los hombres. Cristo tiene planes grandes para Minnesota. La iglesia hispana necesita dejar toda clase de sectarismos, exclusivismos y prejuicios y volverse a Dios para que Él avive su iglesia y salve las almas en nuestras ciudades. ∞

¿Falta de identidad?

Por: Aridait Candanoza.-

Todo ser humano tiene una forma en particular de cómo identificarse y mostrar su singularidad ante otras personas; incluso algunos pueblos, razas y naciones se distinguen por tener algo muy especial que los caracteriza —ya sea su acento de voz, el físico o el color—.

La iglesia no debe ser la excepción en este asunto, ya que la iglesia primitiva se distinguía por el amor ágape y fraternal para con todos. Pero con el paso del tiempo los buenos principios y modales que caracterizaban a la iglesia se han ido perdiendo, pues muchos cristianos no se distinguen entre el mundo y los redimidos por Cristo. La adoración, vestimenta, música y léxico es muy parecido al mundo exterior.

Esa falta de identidad puede llevar a una persona a la muerte y, por ende, a una eternidad sin Dios.

El libro de los Jueces 12:6 nos da un claro ejemplo. Dice este pasaje que la descendencia de Efraín, queriendo negar su identidad, eran delatados al no poder pronunciar
«Shibolet» y sólo decían «Sibolet». Dice la Biblia que cada vez que querían cruzar los vados del Jordán, los de Galaad les preguntaban, ¿Eres tú, efrateo? y ellos respondían «no», entonces les hacían decir «Shibolet», y al no decirlo correctamente los decapitaban.

Lo mismo sucede en este tiempo. Existe esa falta de identidad dentro de las iglesias cristianas. Se nos ha olvidado que ante la presencia de Dios debemos estar con reverencia, sabiendo dónde estamos, por qué nos congregamos y a quién vamos a adorar.

Pudiera sonar muy legalista el comentario, pero es prescindible recordar que si bien es cierto que la verdadera adoración se realiza en espíritu y en verdad, la imagen que proyecta el cristiano también debe ser cuidada. Por ejemplo, cuando estamos frente a un jurado, en una entrevista de trabajo, en una cita romántica, etc., tratamos de que nuestra imagen, currículo y antecedentes nos respalden. Así debiera ser cada vez que nos congregamos en el templo.

El apostó Pablo le escribe a Tito acerca de muchos que profesan conocer a Dios pero con sus actos lo niegan. Es necesario que demos buen testimonio de quiénes somos y a quién servimos.

Iglesia del Señor, esforcémonos por dar buen testimonio y honrar el glorioso nombre de Cristo con nuestro diario vivir, que cuando tú camines por la calle te identifiques como hijo de Dios en tus actos, vestimenta y vocabulario. Comportémonos de tal manera que el enemigo se avergüenze, no teniendo nada que señalarnos (Tito 2:1-15).∞

Lágrimas de un padre

Por: Edgar Hernández.-

Todo comenzó desde que tenía siete años de edad. Fue cuando el Señor puso en mi corazón que mi primer bebé sería niño y le pondría por nombre Zain, que es mi segundo nombre.

Yo se lo dije a mis padres, los cuales se admiraron en cómo un niño de 7 años pensaría en su primer hijo y en su nombre —aún sin saber si me iba a casar y si podría tener hijos—.  Así que decidí que cada juguete que me regalaran lo guardaría para dárselo a él.

Cada año el Señor me afirmaba ese sentir. Conforme iba creciendo pensaba que mi hijo se parecería a mí. Yo decía «tal vez se parezca en mis ojos, tal vez en mis labios o en mi nariz».

Con el paso de los años me casé con mi esposa Amy y, siendo ella americana blanca con ojos azules, provocó en mí más expectativas de saber cómo sería el bebé. Quería que se pareciera a mí —aunque hay dos cosas físicas de mí que nunca me han gustado. La primera es la cicatriz que dejó una enfermedad en la parte de atrás de mi cabeza y la segunda son mis orejas las cuales están ligeramente dobladas y chiquitas—.

A las 19 semanas de gestación la enfermera podía decirnos cuál sería el sexo del bebé pero convencí a Amy que fuera sorpresa.

Cuando mi esposa tenía 21 semanas de emba-razo, el 5 de septiembre, llegó del trabajo y empezó a sangrar de repente. Fuimos inmedia-tamente al hospital de la mujer y en menos de 5 horas el bebé estaba por salir.

Para Amy y para mí fue algo inesperado, el doctor nos dijo que si hubiera estado 2 semanas más podría vivir.

«¿Vivir…? o sea que… mi hijo… está…» pensé yo.

Las contracciones se hicieron más fuertes y frecuentes y el bebé nació el viernes a las 11:06 pm del mismo día.

Lo que era sorpresa dejaría de ser cuando lo vi salir y vi que era un niño. Lloré tan fuerte como mi corazón me dejó hacerlo, porque para mí no era sólo un niño común y corriente, sino el que Dios puso en mi corazón desde que yo tenía siete años de edad.

Después de controlarme un poco fui y empecé a ver sus ojitos, su nariz y sus labios.  Yo decía «se parece a Amy», y después vi sus orejitas y eran iguales a las mías. Lloré aún más porque eso antes no me gustaba de mí pero ahora tenía un nuevo sentido, ahora las veía hermosas pues las tenía mi amado hijo.

Fue una época amarga porque el hijo que Dios me había prometido en mi niñez yacía muerto en mis brazos. No pudo sobrevivir.

Por un momento pensé en no ponerle el
nombre Zain, pero después que todos nos
dejaron solos con el bebé, tuvimos un momento de oración sosteniendo el cuerpecito inerte de nuestro hijo y agradecimos, Amy y yo, a Dios por él y al terminar de orar Dios nos afirmó a los dos que el nombre del niño sería Zain.

Toda esa noche no pude dormir pensando en el dolor cósmico que tuvo Dios por su único hijo amado, Jesucristo. Aunque mi bebé había nacido muerto, yo no le iba a negar el nombre que desde los siete años pensé ponerle, y vino a mi mente lo importante que era para Dios ponerle Emanuel a su único Hijo sabiendo que llevaría todo el pecado del mundo.

Isaías 7:14b dice, «y llamará su
nombre Emanuel (que significa: “Dios con nosotros”)».

Por la santidad del Padre lo tenía que abandonar y pensé en el sufrimiento del Padre al dejarlo y no poder hacer nada por su único Hijo. Me identifiqué al ver a mi amado bebé morir y no poder hacer nada.

Debemos estar agradecidos a Dios por su amor al darnos a Su único y amado Hijo, Jesucristo.

En esas 21 semanas pudimos soñar con él, imaginar su carita y desear tenerlo con nosotros. Ese deseo de querer tenerlo, soñar e imaginar su cara debe de ser el deseo de conocer más íntimamente a Dios por medio de su Palabra, la Biblia.

Cuando un hombre o mujer pierde a su pareja se le llama viudo(a); cuando los niños pierden a sus papás se les llama huérfanos; pero cuando los padres pierden a su(s) hijo(s) no hay palabra que pueda describir tal situación. Así de doloroso es cuando un Padre pierde a su hijo.

Zain nos recordó que debemos honrar a Dios porque nos ama tanto que sacrificó a su Hijo unigénito. A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.∞

Natividad de Cristo; Natividad en Cristo

Por: Alberto Vargas.-

La vida en el Señor es un aprendizaje continuo. Uno tiene que estar realmente con todos nuestros sentidos volcados hacia Dios para que no dejemos pasar ningún momento en los que el Señor nos tiene algo para enseñar.

Estas experiencias nos hacen ser constructores de su reino.

Hace mucho aprendí que nosotros, los verdaderos cristianos, debemos ser la «respuesta» y no el «problema». La gente debe de ver en nosotros las contestaciones a sus dudas y no la duda misma. Esto no sólo es un reto, sino nuestro más firme objetivo ante una sociedad que se muere por falta de Dios.

La Navidad es una época para celebrar el cumplimiento de la profecía más esperada por la humanidad, el nacimiento del Mesías, el nuevo Adán, el Verbo hecho carne, la luz que vino a alumbrar a todo ser humano. Desafortunadamente el mundo ha tratado de desvalorizar tan excelente celebración comercializándola; y algunos de los llamados cristianos hacen su parte creando frívolas controver-sias acerca de si es la fecha correcta, o si es la manera correcta, u otros muchos argumentos que en nada ayudan a la causa de Cristo.

Debemos ser respuesta

En esta época de Navidad debemos ayudar al mundo a encontrarse con el milagro de «Belén», con la anunciación de millares de ángeles que cantaban «gloria al Dios de los cielos y paz a los hombres que hacen su voluntad» y con la estampa del «Hijo unigénito de Dios» que nació en un tosco e insalubre pesebre, y entre pañales recibía la adoración de humildes pastores y misteriosos sabios de lejanas tierras.

En esa hermosa estampa es importante reflexionar no sólo de los que estaban, sino de los que no estaban. Allí, ausentes, estaban los religiosos de la época, los que deberían de ser «respuesta», pero se convirtieron en el problema. Mientras los humildes pastores y misteriosos sabios miraban hacia los cielos buscando sus respuestas, los religiosos miraban sus reglas, dogmas, rituales y conflictos. Mientras los primeros oían y veían la manifestación de Dios, los religiosos se enredaban en sus rencillas y se llenaban del lodo de la vana discusión.

Después de más de dos mil años las cosas parecen no haber cambiado. Los religiosos persisten en mirar, medir, argumentar en cómo se hacen las cosas, mientras unos pocos siguen mirando hacia arriba, al cielo de Dios, a Jesús de Nazaret, al milagro de Belén, al caballero de la cruz, a la tumba vacía perteneciente al resucitado;

«A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén». Judas 24 y 25

Feliz Navidad en Cristo Jesús Señor nuestro. Paz sea a ustedes.∞

La infinitud de Dios

Por: RGO.-

«Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder;
Y su entendimiento es infinito.» Salmos 147:5

 «…seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,» Efesios 3:18

Miente quien afirma y declara que le está a Dios infinitamente agradecido por algún favor recibido. El hombre es un ser limitado y en su finitud corresponde a «sus misericordias que son nuevas cada mañana».

La infinitud de Dios tiene que ver con lo ilimitado, interminable, incalculable o innumerable, volumen, tamaño, medida, magnitud, capacidad. Es algo omniabarcante, incluyente, abrazador, sin fin. Por ejemplo, Génesis 1:1 dice: «Dios en el principio creó los cielos y la tierra», texto que aparte de referir la grandeza y creatividad divinas, se refiere al universo entero, a la magnitud de sus obras.

Nuestros dos pasajes básicos, arriba citados, hablan de su sabiduría y amor, esto es, de la capacidad inmensurable de Dios y de las cuatro dimensiones de su amor.

Por entendimiento infinito se refiere a Dios como único y sabio (Judas 24 y 25). Por amor de Cristo, la infinitud de Dios se expresa claramente en forma sinecdoquial o designando el todo por alguna de sus partes, en este caso, el amor, una de las tres virtudes teologales de 1 Corintios 13:13 y de la expresión  «de tal manera» de Juan 3:16. Es que el amor de Dios envuelve, cubre o cobija el mundo en plenitud (Salmos 24:1).

Tiempo y espacio se vinculan con la infinitud, aunque  Dios por su infinitud no está sujeto ni a tiempo ni a espacio porque Él es eterno.

Resulta entonces que son cuatro las dimensiones del amor, según Efesios 3:18, sobre la infinitud de Dios, a saber:

  • Anchura o amplitud de la gracia salvadora sin excepción  alguna (Hechos 10:34,35).
  • Longitud o extensión de eternidad por la eternidad hasta la eternidad, algo para siempre ya que en el cielo nuestra relación será de amor fraterno de unos para con otros y de todos para con  Dios, y algo sin límite, distante (Salmo 103:12 e Isaías 55:7, tocante al amplio perdón de nuestros pecados). La palabra «lontananza» significa los puntos de una pintura más alejados del plano principal; en tanto que «en lontananza» quiere decir «a lo lejos»,  lo que viene a colación con el coro de un viejo himno que dice:  Allá en lontananza, al fin de la labor, veremos la grandeza de nuestro Salvador.
  • Profundidad o, acerca de la muerte de Cristo, como lo máximo y sin medida (Filipenses 2:8 y 1 Juan 1:7).
  • Altura o cielo (Isaías 66:1ª), el lugar paradisiaco y estado o condición maravilloso que el infinito Dios nos tiene preparado para vivir y reinar eternamente felices con Él.

En definitiva, la infinitud de Dios es una declaración exquisita y hermosísima de su eternidad, omipotencia, creatividad y omnisciencia, tal como un servidor la ve y cree; aunque sin pretender atreverme a bautizarlas en calidad de equivalencias doctrinales, sino más bien a conectar lo que es evidente.

Dios en su omnisciencia y omnipotencia sabe contar las estrellas (lo que el hombre no, Génesis 15:5) y puede medir la distancia entre unas y otras. Aun nuestros cabellos están todos contados, tal lo constata Lucas 12:7ª.

¡Bendito y alabado sea el Señor!∞

La última prueba de Job

Por: Luis Rivera.-

Uno de los temas más inquietantes para los creyentes en Cristo es el proceso de la prueba.

Las pruebas son un proceso necesario para todo hijo de Dios, pues a través de estas alcanzamos madurez y crecimiento espiritual; no así la tentación, que Satanás trae a nuestras vidas, cuyo fin es manifestar lo peor de nosotros.

La Biblia está llena de historias de hombres que pasaron por la prueba.Uno de estos fue Job, al cual la se le describe como un hombre justo y temeroso de Dios.

Este relato nos presenta algunos principios bíblicos que nos pueden ayudar a no solamente comprender el significado de la prueba, sino a descubrir cómo podemos trascender a nuevos niveles en cuanto a conocimiento, revelación y prosperidad en todas las áreas de nuestra vida.

La palabra de Dios describe a Job como un hombre próspero al cual Dios permitió que Satanás le quitara todo, incluso su salud.

Job tuvo que enfrentar la ausencia de respuestas de parte de Dios ante tales calamidades.

Tres amigos de Job, que llegaron con el propósito de consolarlo, comenzaron a hacer conjeturas acerca de las razones por la cual Job se encontraba en tan triste situación, siendo su resolución final de que Job estaba sufriendo por algún pecado oculto y que no quería confesar.

Todos los que hemos sido víctimas de la incomprensión y del juicio inmisericorde de otros sabemos cuán dolorosa puede llegar a ser tal experiencia y hasta qué punto puede llegar a dañar nuestro corazón.

La historia de Job nos enseña que el periodo de prueba no termina hasta que termina. Casi al final del libro se lee la trascendencia de este héroe de la fe al pasar de una gran calamidad que parecía no tener remedio a ser prosperado al doble de su estado original. El final de la prueba consistió en que Job tenía que interceder por el bienestar de sus tres amigos, los que lo habían juzgado brutalmente.

No podemos negar que cuando somos lastimados por otros se nos hace sumamente difícil el no enojarnos, máxime cuando hemos sido utilizados y han tomado ventaja de un momento difícil que hayamos tenido que atravesar.

Es tan diferente sólo leer la historia de Job a proceder como él lo hizo.

Son muchos los casos en los que la gente ofende, crítica y hasta calumnia a otros consiente o inconscientemente. Y muchos, ya sea por orgullo o falta de valor, nunca buscan reivindicarse con la persona a la que han ofendido o lastimado injustamente. El resistirse a pedirle perdón a la persona que hemos agraviado provocará estancamiento y hasta consecuencias funestas para los que nunca dan su brazo a torcer.

Es posible que al igual que Job estés a punto de ser vindicado por el Señor después de haber soportado una terrible prueba. No te pierdas de la bendición de Dios sólo por no querer perdonar a tus críticos y a los que pecaron contra ti. Por lo tanto, te insto a que tomes la decisión de otorgar perdón a tus ofensores y simplemente prepárate para tu
bendición la cual será abundante.∞

El tiempo y la inmortalidad

Por: Alberto Vargas.-

Nuestro tiempo se mide entre comienzos y finales. Estamos sujetos a contar el tiempo de esta manera. Todo comienzo señala su final y cada final señala un nuevo comienzo. Pero realmente el tiempo sigue su curso y no se sujeta a nuestros finales. Lo que realmente finaliza son las cosas que se mueven en el tiempo. Un poco filosófico pero real, sólo para que reflexiones.

Sólo lo «corruptible» se sujeta al tiempo y a sus finales. Si es así, estamos destinados a desaparecer en el tiempo, pues somos hechos en corrupción, y más aún, decidimos vivir en corrupción.

La muerte es nuestra pesadilla final y tratamos de huir de ella, pero el tiempo nos acerca a ella cada día más y más.

Dios puso esa «limitación» del tiempo sobre nosotros para que nos diéramos cuenta que teníamos muy poco «tiempo»  para jugar con la muerte y nuestro estado de corrupción.

La vida que vivimos comienza a irse de nosotros el mismo día en que nacemos. Mejor dicho, tu cuenta regresiva hacia la muerte comienza con tu primer segundo de vida.

Parecen palabras negativas, pero no las son. Las limitaciones que tenemos en la vida son puestas por nuestra corrupción. El pecado, la desobediencia, nuestras mentiras y rebeldías son el mecanismo de nuestro decadente estado corrupto. La muerte se nos viene encima por no encontrar elementos de vida que la repelan.

Dios mismo nos da la respuesta y la salida a nuestro estado de corrupción en 1 Corintios 15:51-54: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorrupti-bles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria».

Nuestra entrega a Dios y, por consi-guiente, nuestra vida dedicada a Él, nos permite «vestirnos» de incorrupción e inmortalidad. Todo nuestro ser, lo que somos, está preparado para ser transformados. Somos inmortales en Cristo. Nuestra vida ha recomenzado el día en que fuimos  hechos a «hechura suya», según Dios, y no es cuenta regresiva, sino que esta nueva vida no está atada al tiempo pues cada segundo que pasamos en Dios caminamos en nuestra propia inmortalidad y nuestro cuerpo mortal se está preparando para su eventual transformación.

Dios siempre cumple sus promesas y Él ha venido a darnos «vida y vida en abundancia». Él ha venido a darnos la eternidad.

Estamos al comienzo de un nuevo año. Una nueva oportunidad para que nos parezcamos más a nuestro Maestro, Jesús, y nos alleguemos más a nuestra inmortalidad. Somos especiales, Jesús dijo con referente a nosotros: «No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo».

Feliz año de nuestro Señor Jesucristo 2014.∞