El tiempo y la inmortalidad

Por: Alberto Vargas.-

Nuestro tiempo se mide entre comienzos y finales. Estamos sujetos a contar el tiempo de esta manera. Todo comienzo señala su final y cada final señala un nuevo comienzo. Pero realmente el tiempo sigue su curso y no se sujeta a nuestros finales. Lo que realmente finaliza son las cosas que se mueven en el tiempo. Un poco filosófico pero real, sólo para que reflexiones.

Sólo lo «corruptible» se sujeta al tiempo y a sus finales. Si es así, estamos destinados a desaparecer en el tiempo, pues somos hechos en corrupción, y más aún, decidimos vivir en corrupción.

La muerte es nuestra pesadilla final y tratamos de huir de ella, pero el tiempo nos acerca a ella cada día más y más.

Dios puso esa «limitación» del tiempo sobre nosotros para que nos diéramos cuenta que teníamos muy poco «tiempo»  para jugar con la muerte y nuestro estado de corrupción.

La vida que vivimos comienza a irse de nosotros el mismo día en que nacemos. Mejor dicho, tu cuenta regresiva hacia la muerte comienza con tu primer segundo de vida.

Parecen palabras negativas, pero no las son. Las limitaciones que tenemos en la vida son puestas por nuestra corrupción. El pecado, la desobediencia, nuestras mentiras y rebeldías son el mecanismo de nuestro decadente estado corrupto. La muerte se nos viene encima por no encontrar elementos de vida que la repelan.

Dios mismo nos da la respuesta y la salida a nuestro estado de corrupción en 1 Corintios 15:51-54: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorrupti-bles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria».

Nuestra entrega a Dios y, por consi-guiente, nuestra vida dedicada a Él, nos permite «vestirnos» de incorrupción e inmortalidad. Todo nuestro ser, lo que somos, está preparado para ser transformados. Somos inmortales en Cristo. Nuestra vida ha recomenzado el día en que fuimos  hechos a «hechura suya», según Dios, y no es cuenta regresiva, sino que esta nueva vida no está atada al tiempo pues cada segundo que pasamos en Dios caminamos en nuestra propia inmortalidad y nuestro cuerpo mortal se está preparando para su eventual transformación.

Dios siempre cumple sus promesas y Él ha venido a darnos «vida y vida en abundancia». Él ha venido a darnos la eternidad.

Estamos al comienzo de un nuevo año. Una nueva oportunidad para que nos parezcamos más a nuestro Maestro, Jesús, y nos alleguemos más a nuestra inmortalidad. Somos especiales, Jesús dijo con referente a nosotros: «No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo».

Feliz año de nuestro Señor Jesucristo 2014.∞

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