¿Falta de identidad?

Por: Aridait Candanoza.-

Todo ser humano tiene una forma en particular de cómo identificarse y mostrar su singularidad ante otras personas; incluso algunos pueblos, razas y naciones se distinguen por tener algo muy especial que los caracteriza —ya sea su acento de voz, el físico o el color—.

La iglesia no debe ser la excepción en este asunto, ya que la iglesia primitiva se distinguía por el amor ágape y fraternal para con todos. Pero con el paso del tiempo los buenos principios y modales que caracterizaban a la iglesia se han ido perdiendo, pues muchos cristianos no se distinguen entre el mundo y los redimidos por Cristo. La adoración, vestimenta, música y léxico es muy parecido al mundo exterior.

Esa falta de identidad puede llevar a una persona a la muerte y, por ende, a una eternidad sin Dios.

El libro de los Jueces 12:6 nos da un claro ejemplo. Dice este pasaje que la descendencia de Efraín, queriendo negar su identidad, eran delatados al no poder pronunciar
«Shibolet» y sólo decían «Sibolet». Dice la Biblia que cada vez que querían cruzar los vados del Jordán, los de Galaad les preguntaban, ¿Eres tú, efrateo? y ellos respondían «no», entonces les hacían decir «Shibolet», y al no decirlo correctamente los decapitaban.

Lo mismo sucede en este tiempo. Existe esa falta de identidad dentro de las iglesias cristianas. Se nos ha olvidado que ante la presencia de Dios debemos estar con reverencia, sabiendo dónde estamos, por qué nos congregamos y a quién vamos a adorar.

Pudiera sonar muy legalista el comentario, pero es prescindible recordar que si bien es cierto que la verdadera adoración se realiza en espíritu y en verdad, la imagen que proyecta el cristiano también debe ser cuidada. Por ejemplo, cuando estamos frente a un jurado, en una entrevista de trabajo, en una cita romántica, etc., tratamos de que nuestra imagen, currículo y antecedentes nos respalden. Así debiera ser cada vez que nos congregamos en el templo.

El apostó Pablo le escribe a Tito acerca de muchos que profesan conocer a Dios pero con sus actos lo niegan. Es necesario que demos buen testimonio de quiénes somos y a quién servimos.

Iglesia del Señor, esforcémonos por dar buen testimonio y honrar el glorioso nombre de Cristo con nuestro diario vivir, que cuando tú camines por la calle te identifiques como hijo de Dios en tus actos, vestimenta y vocabulario. Comportémonos de tal manera que el enemigo se avergüenze, no teniendo nada que señalarnos (Tito 2:1-15).∞

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