Natividad de Cristo; Natividad en Cristo

Por: Alberto Vargas.-

La vida en el Señor es un aprendizaje continuo. Uno tiene que estar realmente con todos nuestros sentidos volcados hacia Dios para que no dejemos pasar ningún momento en los que el Señor nos tiene algo para enseñar.

Estas experiencias nos hacen ser constructores de su reino.

Hace mucho aprendí que nosotros, los verdaderos cristianos, debemos ser la «respuesta» y no el «problema». La gente debe de ver en nosotros las contestaciones a sus dudas y no la duda misma. Esto no sólo es un reto, sino nuestro más firme objetivo ante una sociedad que se muere por falta de Dios.

La Navidad es una época para celebrar el cumplimiento de la profecía más esperada por la humanidad, el nacimiento del Mesías, el nuevo Adán, el Verbo hecho carne, la luz que vino a alumbrar a todo ser humano. Desafortunadamente el mundo ha tratado de desvalorizar tan excelente celebración comercializándola; y algunos de los llamados cristianos hacen su parte creando frívolas controver-sias acerca de si es la fecha correcta, o si es la manera correcta, u otros muchos argumentos que en nada ayudan a la causa de Cristo.

Debemos ser respuesta

En esta época de Navidad debemos ayudar al mundo a encontrarse con el milagro de «Belén», con la anunciación de millares de ángeles que cantaban «gloria al Dios de los cielos y paz a los hombres que hacen su voluntad» y con la estampa del «Hijo unigénito de Dios» que nació en un tosco e insalubre pesebre, y entre pañales recibía la adoración de humildes pastores y misteriosos sabios de lejanas tierras.

En esa hermosa estampa es importante reflexionar no sólo de los que estaban, sino de los que no estaban. Allí, ausentes, estaban los religiosos de la época, los que deberían de ser «respuesta», pero se convirtieron en el problema. Mientras los humildes pastores y misteriosos sabios miraban hacia los cielos buscando sus respuestas, los religiosos miraban sus reglas, dogmas, rituales y conflictos. Mientras los primeros oían y veían la manifestación de Dios, los religiosos se enredaban en sus rencillas y se llenaban del lodo de la vana discusión.

Después de más de dos mil años las cosas parecen no haber cambiado. Los religiosos persisten en mirar, medir, argumentar en cómo se hacen las cosas, mientras unos pocos siguen mirando hacia arriba, al cielo de Dios, a Jesús de Nazaret, al milagro de Belén, al caballero de la cruz, a la tumba vacía perteneciente al resucitado;

«A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén». Judas 24 y 25

Feliz Navidad en Cristo Jesús Señor nuestro. Paz sea a ustedes.∞

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