¡Feliz 2015! Un año de nuevos comienzos

Por: Alberto Vargas.-

Dios es un Dios de comienzos. Cada final en Dios señala un nuevo comienzo. Por eso, Dios es Dios de nuevas oportunidades, sus misericordias son nuevas todos los días.(Lamentaciones 3:23)

Ahora comenzamos un nuevo año, un nuevo ciclo de eventos que deberán de ser marcados por la gracia divina. Es una nueva oportunidad para acertar al blanco, hacerlo bien, de acuerdo al «modelo» que Dios se ha hecho en el cielo.(Hebreos 8:5b)

Es hora que comprendamos lo que está escrito sobre nosotros en la escritura concerniente a nuestra vida: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas».(Efesios 2:10) Dios ha trazado un camino de éxito para cada uno de sus hijos —buenas obras que enmarcan nuestra vida en su amor y nos permiten vivir en la tranquilidad de su voluntad—.

Esas «buenas obras», las cuales Dios ha preparado para ti, siempre tendrán el sello de su amor, su comprensión y su entrega. Son acciones, actos, hechos que salen de un corazón que se rinde a Cristo todos los días y que tienen como producto lo bueno, agradable, lo conveniente; mejor dicho, una vida de felicidad y prosperidad.

Nosotros, los que decimos seguirle, nos empeñamos en seguir nuestra propia y personal voluntad. Pero peor aún, nos empeñamos en crear nuestra propia cristiandad, hecha a la medida de nuestros sentidos y sentimientos. Nos hacemos constructores de nuestro camino y tratamos de mostrar que ese camino está de acuerdo con Dios. Adornamos nuestra voluntad con un versículo aquí y otro allá y le damos nuestra última pincelada «racionalizando» nuestra voluntad y mostrando lo lógica que es. Pero en Dios NO HAY LÓGICA, en Dios hay JUSTICIA y esa justicia en nada tiene que ver con la nuestra ni la manera en que tú y yo vemos las cosas. La justicia de Dios es su lógica. Dios mira nuestra vida y le ha dado color con su vida, por tanto ha preparado un sinfín de «buenas obras», su voluntad en ti, para que seamos felices y demos felicidad a otros. Cuando su justicia, su voluntad, reina sobre nosotros «todo nos saldrá bien».(Josué 1:8)

Por lo tanto, hay un caudal de buenas obras, buenos caminos, preparados para ti este año que ya comienza. Solo niégate a seguirte a ti y atrévete a disponer tu vida en sacrificio vivo delante de Él para que sepas su perfecta y agradable voluntad.(Romanos 12:1-2)

Feliz año 2015, les desea este servidor de ustedes y las Iglesias Bautistas de Renovación.∞

Natividad de Cristo; Natividad en Cristo

Por: Alberto Vargas.-

La vida en el Señor es un aprendizaje continuo. Uno tiene que estar realmente con todos nuestros sentidos volcados hacia Dios para que no dejemos pasar ningún momento en los que el Señor nos tiene algo para enseñar.

Estas experiencias nos hacen ser constructores de su reino.

Hace mucho aprendí que nosotros, los verdaderos cristianos, debemos ser la «respuesta» y no el «problema». La gente debe de ver en nosotros las contestaciones a sus dudas y no la duda misma. Esto no sólo es un reto, sino nuestro más firme objetivo ante una sociedad que se muere por falta de Dios.

La Navidad es una época para celebrar el cumplimiento de la profecía más esperada por la humanidad, el nacimiento del Mesías, el nuevo Adán, el Verbo hecho carne, la luz que vino a alumbrar a todo ser humano. Desafortunadamente el mundo ha tratado de desvalorizar tan excelente celebración comercializándola; y algunos de los llamados cristianos hacen su parte creando frívolas controver-sias acerca de si es la fecha correcta, o si es la manera correcta, u otros muchos argumentos que en nada ayudan a la causa de Cristo.

Debemos ser respuesta

En esta época de Navidad debemos ayudar al mundo a encontrarse con el milagro de «Belén», con la anunciación de millares de ángeles que cantaban «gloria al Dios de los cielos y paz a los hombres que hacen su voluntad» y con la estampa del «Hijo unigénito de Dios» que nació en un tosco e insalubre pesebre, y entre pañales recibía la adoración de humildes pastores y misteriosos sabios de lejanas tierras.

En esa hermosa estampa es importante reflexionar no sólo de los que estaban, sino de los que no estaban. Allí, ausentes, estaban los religiosos de la época, los que deberían de ser «respuesta», pero se convirtieron en el problema. Mientras los humildes pastores y misteriosos sabios miraban hacia los cielos buscando sus respuestas, los religiosos miraban sus reglas, dogmas, rituales y conflictos. Mientras los primeros oían y veían la manifestación de Dios, los religiosos se enredaban en sus rencillas y se llenaban del lodo de la vana discusión.

Después de más de dos mil años las cosas parecen no haber cambiado. Los religiosos persisten en mirar, medir, argumentar en cómo se hacen las cosas, mientras unos pocos siguen mirando hacia arriba, al cielo de Dios, a Jesús de Nazaret, al milagro de Belén, al caballero de la cruz, a la tumba vacía perteneciente al resucitado;

«A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén». Judas 24 y 25

Feliz Navidad en Cristo Jesús Señor nuestro. Paz sea a ustedes.∞

El tiempo y la inmortalidad

Por: Alberto Vargas.-

Nuestro tiempo se mide entre comienzos y finales. Estamos sujetos a contar el tiempo de esta manera. Todo comienzo señala su final y cada final señala un nuevo comienzo. Pero realmente el tiempo sigue su curso y no se sujeta a nuestros finales. Lo que realmente finaliza son las cosas que se mueven en el tiempo. Un poco filosófico pero real, sólo para que reflexiones.

Sólo lo «corruptible» se sujeta al tiempo y a sus finales. Si es así, estamos destinados a desaparecer en el tiempo, pues somos hechos en corrupción, y más aún, decidimos vivir en corrupción.

La muerte es nuestra pesadilla final y tratamos de huir de ella, pero el tiempo nos acerca a ella cada día más y más.

Dios puso esa «limitación» del tiempo sobre nosotros para que nos diéramos cuenta que teníamos muy poco «tiempo»  para jugar con la muerte y nuestro estado de corrupción.

La vida que vivimos comienza a irse de nosotros el mismo día en que nacemos. Mejor dicho, tu cuenta regresiva hacia la muerte comienza con tu primer segundo de vida.

Parecen palabras negativas, pero no las son. Las limitaciones que tenemos en la vida son puestas por nuestra corrupción. El pecado, la desobediencia, nuestras mentiras y rebeldías son el mecanismo de nuestro decadente estado corrupto. La muerte se nos viene encima por no encontrar elementos de vida que la repelan.

Dios mismo nos da la respuesta y la salida a nuestro estado de corrupción en 1 Corintios 15:51-54: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorrupti-bles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria».

Nuestra entrega a Dios y, por consi-guiente, nuestra vida dedicada a Él, nos permite «vestirnos» de incorrupción e inmortalidad. Todo nuestro ser, lo que somos, está preparado para ser transformados. Somos inmortales en Cristo. Nuestra vida ha recomenzado el día en que fuimos  hechos a «hechura suya», según Dios, y no es cuenta regresiva, sino que esta nueva vida no está atada al tiempo pues cada segundo que pasamos en Dios caminamos en nuestra propia inmortalidad y nuestro cuerpo mortal se está preparando para su eventual transformación.

Dios siempre cumple sus promesas y Él ha venido a darnos «vida y vida en abundancia». Él ha venido a darnos la eternidad.

Estamos al comienzo de un nuevo año. Una nueva oportunidad para que nos parezcamos más a nuestro Maestro, Jesús, y nos alleguemos más a nuestra inmortalidad. Somos especiales, Jesús dijo con referente a nosotros: «No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo».

Feliz año de nuestro Señor Jesucristo 2014.∞

Dios me ha creado de nuevo

Por: Alberto Vargas.-

Transformar y renovar son palabras mayores, especialmente cuando se refieren a los seres humanos. De manera externa cualquiera puede decir que lo ha hecho, pero internamente, sólo con la ayuda del Espíritu.

Transformar y renovar no es una opción cuando se habla del cristiano. Es la forma y manera en que la escritura nos enseña a lograr ser igual a Jesús, a lograr vivir en su Espíritu, a ser cristianos de verdad.

La psicología me ha enseñado que es imposible para los seres humanos cambiar. Podemos modificar nuestra conducta, reprimir nuestros deseos o redirigir nuestras ansiedades, pero nunca cambiar porque lo que nos mueve y forma nuestra personalidad son nuestras ideas, formuladas por nuestros recuerdos, experiencias y prejuicios.

El ser humano es un ser formulado en las ideas que lleva dentro; esas ideas son las motivadoras de nuestras acciones y creencias, de lo que somos realmente. Podemos hacer que ciertas actitudes sean parte de una artística actuación, pero no durará mucho, pues lo que somos y nos motiva está ahí, dentro de nosotros.

En este momento vendría muy bien hacer eco de las palabras del apóstol Pablo, que decía: «Miserable de mí, quién me librará de este cuerpo de muerte».

Pero no nos alarmemos; es cierto que el ser humano no puede cambiar, pero ¡puede ser nacido de nuevo!

Como nuevas criaturas, según Dios, él nos manda a que entremos en el hermoso proceso de ser transformados y renovados. En Romanos 12:2 nos dice que debemos de transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento. ¿Leyó eso bien? En Cristo, siendo una nueva criatura, podemos poner nuevo las maneras en que entendemos las cosas; mejor dicho, nuestras ideas.

En Efesios 4:23, el Señor por medio de su palabra nos manda a que «renovemos el espíritu de nuestra mente». Poner nuevas las motivaciones (espíritu) de nuestras ideas (mente). Eso es grandioso.

Como seres humanos no podemos cambiar. Por lo tanto, Cristo, desde la cruz y en su resurrección, nos permite ser creados de nuevo, vueltos a nacer, comenzar nuevamente. Sólo tenemos que creerle, renovando todos tus pensamientos en Él.

Eso es exactamente lo que creemos en nuestra comunidad de fe. Una comunidad que cree en cambios reales, no impuestos por el hombre, sino… «vestíos del nuevo hombre, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad» Efesios 4:24.∞