Una carta pastoral para pastores y ministros

Por: Alberto Vargas.-

Escribo esta carta pastoral, no bajo la influencia de algún sentimiento de superioridad o altives. Escribo la misma teniendo en mente y corazón la dignidad y respeto que ustedes, pastores y ministros, se merecen y con toda la humildad, respeto y responsabilidad posible en imitación a Cristo.

Llevo 41 años ejerciendo el ministerio pastoral. Aún pienso que tal dignidad que me ha conferido Dios no me la merezco. Durante ese magnifico pero duro recorrer de los años, he aprendido a reflexionar una y otra vez sobre la ejecución de mi trabajo. Han sido muchas veces que he tenido que reencontrarme con la Cruz, hacer arreglos en mi propia pastoral y abandonarme en las manos de Aquél que continua dándome forma para que cada día me parezca más y más a Él. Desde ese continuo aprendizaje es que con toda humildad me atrevo, a modo de reflexión, reconsiderar algunos aspectos vitales sobre nuestra responsabilidad pastoral.

Les comparto que una de las características que más debemos hacer énfasis en nuestra personalidad y trato con la grey es la honestidad. No importando lo que nos cueste, el ser abiertos y sin doble cara nos dará el fruto de congregaciones que imitarán nuestra honestidad y se sentirán seguras y en confianza. Han sido muchos los mal llamados pastores que han engañado a sus ovejas, les han robado y las han tratado como sirvientes y no como a aquellos a quien nos toca a nosotros servir.

El personaje más importante en una congregación saludable es la oveja y no el pastor, nosotros venimos a imitar a Cristo como buenos pastores que «su vida dan por sus ovejas».

Es nuestra responsabilidad el crear un ambiente saludable para que nuestras ovejas tengan el espacio para crecer y ser transformadas a la luz de la guianza del Espíritu y no siguiendo enseñanzas huecas y rudimentos de hombre. Jamás te creas que puedes sustituir esa guianza del Espíritu con tus puntos de vista, Dios sabe hacer muy bien Su trabajo; no tenemos que hacerlo nosotros.

La Palabra infalible de nuestro Dios, La Biblia, deberá de convertirse en un reto para ti al reflexionarla cada día sin parar. De esta manera siempre habrá en ti un mensaje nuevo y refrescante producido por momentos de encuentros intensos con la Palabra Santa de nuestro Dios. Nuestra gente necesita oír de esa Palabra para aumentar su fe, necesitan oír al Jesús compasivo y misericordioso trayendo palabras de amor a aquellos que son suyos. Nuestros cánticos espirituales alimentarán saludablemente nuestras emociones, pero será la Palabra de Dios la que alimentará nuestro espíritu y nuestra fe.

Por último, que jamás nos atrevamos a usar nuestra gente para fines personales y mezquinos. Nuestras ovejas no deberán de ser manipuladas por nuestras palabras nunca, y menos para cumplir propósitos personales que solo te beneficiarán a ti o a unos cuantos. Nuestras ovejas Dios nos las puso en nuestras manos, no son nuestras, son de Dios y a Él se las tenemos que devolver bien cuidadas sin que seamos nosotros los culpables de la perdición de ninguna.

No he querido sonar jactancioso, ni mi intención es juzgar a nadie, sólo que he visto el producto devastador de éstas y otras malas prácticas de pastores que no han aprendido de Cristo la sumisión, humildad y sacrificio que deberá de llevar siempre la labor pastoral.

Velemos por nosotros mismos para que nuestra vida dé los frutos correctos en Dios y para que podamos llevar nuestras congregaciones a ser parte de aquella adoración celestial ante el gran trono de nuestro Dios. Dios sea tu paz. Amén.∞

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