Mayo 2015

Por: Moisés Gómez.-

Estaba viendo el otro día un divertido video (que lo sugiero en la sección de Música) acerca de una mamá que está buscando trabajo y que no «calificaba» en ninguno porque carecía de «experiencia» laboral por haberse dedicado al hogar.

Además de disfrutar esos tres minutos que dura el cortometraje, pude reflexionar acerca de lo afortunado que fui al tener a mi lado a mi madre hasta hoy y del trabajo tan árduo que fue manejar su hogar con cinco hijos y un esposo.

Y es que es increíble como ella podía tener tanta energía para preparar las comidas, asear la casa, ir de compras, atendernos a todos, lavar la ropa, preparar la clase para escuela dominical, asistir a la femenil (en la iglesia), planchar, tener sus devocionales, ayudarme con la tarea, ir a los cultos, etc., y aún así dibujar en su rostro una sonrisa sin importar cuán cansada estuviera.

Recuerdo que a media tarde se servía un vasito de Coca-Cola (en los frascos de vidrio donde venden el Mole Doña María), porque, según ella, esos vasos tenían la medida exacta de refresco que le ayudaba a recuperar sus fuerzas.

Hoy mi madre rebasa los 70 años y aún sigue siendo la mujer que hace todas las tareas del hogar y sigue tomando su vasito de Coca.

Agradezco mucho a Dios por la vida de mi mamá y quiero honrarla en este editorial de mayo —mes en que se celebra el día a las madres—.

Y es que mi mamá es única y no hay otra como ella —al igual que cada uno de ustedes piensa sobre su madre—

Mi madre lleva por nombre Ofelia; y ella, junto con mi padre, nos supieron educar y guiar por el buen camino. Hoy, mis cuatro hermanos y un servidor, somos lo que somos gracias a ellos.

En esta etapa de mi vida tengo otra mamá —pues mi suegra me ha recibido como hijo—, y puedo decir que Dios me ha bendecido con ella.

Y no quiero dejar pasar por alto a las «mamás» que me cobijaron a lo largo de mi vida. Desde aquí les agradezco enormidades por su amor incondicional a este «rebelde con causa».

Y dejé al último a mi amada esposa. No por restarle importancia, sino porque ahora ella comparte conmigo y Rafael, nuestro hijo, la hermosa bendición de ser llamada «Mamá». Gracias mi «Tonalli» por llevar las riendas de este hogar. Te amamos tu hijo y tu «morenazo».

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