Vence con el bien…

Por: Aridait Candanoza.-

En las novelas y películas, el personaje central siempre es presentado de tal forma que lo veamos como «el bueno» y como «un héroe». La trama es llevada de una manera astuta para que todo lo que haga o diga se justifique —Él puede mentir, emborracharse, adulterar, pelearse, odiar, tener preferencia sexual distinta, etcétera—.

No importa lo que haga. Si se pelea, la idea que nos transmite no es violencia, sino de justicia, ya que él sólo se defen-dió. Si fornica, se le ve tan romántico y tan lleno de amor, que inspira a los que lo ven a que sean como él. Si mata, no se le ve como asesino, sino como el que acabó con una «lacra».

En esencia, el mensaje de los superhéroes de las novelas y de las películas es que los «buenos» tienen permiso de hacer lo que quieran porque dan a entender que como lo que hacen es para «bien», debemos dispensarlos y apoyarlos.

¡Y claro está! todos los que se identifican y son inspirados por esos personajes, quedan con la idea de que ellos pueden hacer lo mismo. Sin embargo, esa forma de pensamiento es una vil mentira, ya que querer disipar las tinieblas con más tinieblas, es como querer apagar un incendio echándole gasolina.

Pablo nos dice, «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal»(Romanos 12:21). ¿Ya tomó nota? La única arma que puede vencer al mal es el bien. Pero «el bien», desde la perspectiva divina, no está necesariamente en consonancia con lo que el mundo enseña acerca de lo «bueno».

El bien —de acuerdo al Cielo— sólo es bueno si tiene el sello de la justicia de Dios. ¿Entendemos eso? Por ejemplo, sabía usted que una de las principales características que debe distinguir a un pastor es la reconciliación? Si el pastor es lastimado y permite que el resentimiento se anide en él y deja de hablar a quienes le ofenden, su unción de reconciliación se apaga. En esos casos, el sabio consejo de Pablo es: «…si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber…»(Romanos 12:20).

El perdón, y dejar la justicia en las manos de Dios, siempre será el mejor camino.

El odio se vence con el amor genuino, la mentira con la verdad, lo tacaño se derrota cuando tomamos la decisión de dar, la blanda res-puesta quita la ira, y la hipocresía es vencida con la honestidad. En fin, el mal  únicamente se puede vencer con el bien.

¿Estamos dispuestos a tomar la decisión de hacer siempre el bien?∞

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