Amistad y enemistad con el Señor de los cielos

Por: RGO.-

En la Homilética, como ciencia y arte de la predicación, se argumenta que el título de un tema debe ser claro al simplemente anunciarse y por lo tanto no necesita ni la más leve explicación. Pero en este caso la exige pues se trata de Dios, el Creador del universo —de ninguna manera del usurpador narcotraficante que atrevidamente se lo adjudicó para desviar la atención de los gobiernos de los países en que operó y evadir la justicia al quebrantar sus leyes respectivas—.

Hecha tal diferencia procedo con lo siguiente, alusivo a las referencias bíblicas sobre la amistad que el ser humano temeroso de Dios, Abraham, le brinda(2Crónicas 21:7; Isaías 41:8; Santiago 2:23), y de la enemistad en su contra según Santiago 4:4 donde Moisés dice a Dios «tu amigo»; en Isaías, Dios lo llama «mi amigo»; y Santiago agrega «fue llamado amigo de Dios»; mientras que Santiago 4:4 habla de «enemistad».

¡Suprema relación! ¿no te parece? Es que el cristiano, tú y yo,  gozamos en materia de amistad de doble paz: de la paz con Dios(Romanos 5:1) y de la paz de Dios(Filipenses 4:7), porque a paz nos llamó(1Corintios 7:15), y la hemos de seguir con todos(Hebreos 12:14).

Así, Abraham se convierte en nuestro émulo y como él debemos corresponderle a Dios brindándole nuestra amistad sincera y permanente(1Juan 4:19), recordando que Jesús dijo: -«ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando»(Juan 15:14), evitando adulterar en su contra, mundanal o idolátricamente —Santiago 4:4 «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios».  Es que la expresión «amigo del mundo» connota pecado, y menester es reconciliarse con Dios de inmediato.(2Corintios 5:17-20)

Él no es primero en ser adorado, sino el único y en su celo bien fundado nos lo reclama conforme a derecho que le asiste.  Adorarle así es establecer una amistad solidaria y perenne con Él, el «único y sabio Dios nuestro Salvador, a quien sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén» (Judas 25). ¡Brindémosle con júbilo nuestra amistad sincera!

Anhelemos esta distinción que Dios le hizo a Abraham y de tal manera nos identifique el mundo en derredor en nuestro diario vivir.

Ahora bien, si en realidad podemos ostentar el título de «Amigos de Dios», según Proverbios 17:17 hemos de amarle en todo tiempo y demostrárselo(18:24), cual su hijo Jesucristo, quien nos amó hasta el fin al grado de poner su vida por nosotros (Juan 15:13),  y esto nos liga con Él, respecto a lo que afirma Arturo Graf: «El que tiene un amigo verdadero puede decir que posee dos almas» o lo que es lo mismo, la de uno y el Espíritu de Dios.(Juan 14:16, 17ª)

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