La mirada espiritual

Por: Edgar Hernández.-

En el 2005 pisé por primera vez un museo de arte —fue en la ciudad de
Chicago—. El edificio tiene un «estilo barroco». Por dentro, el arte estaba dividida por periodos de tiempo.

Allí me di cuenta que el arte ha ido evolucionando con el paso del tiempo, así como la manera de apreciarla. Por ejemplo, noté que las salas donde había pinturas de artistas de renombre estaban relativamente vacías, mientras que en la sala de arte contemporáneo era el más concurrido.

En esa sala estaba la exposición más sobresaliente que aparentemente todos querían ver. Consistía en un cuadro enorme —como 2 metros de alto por 3 de ancho—, todo blanco y en el centro lo que parecía ser una gota negra. Lo vi y pensé: «¿eso es todo?». Pero muchos se ponían la mano en la barbilla, movían la cabeza en afirmación, agudizaban la vista, y aparentaban entender el cuadro.

Así pasa en el diario vivir. El ser humano ha ido perdiendo la manera de contemplar el verdadero arte que Dios nos da cada día por medio de la exuberante belleza de las flores, los paisajes, los ríos, cascadas, los mares, las estrellas, el detalle en cada animal y la obra maestra en cada organismo vivo incluyendo nuestro propio cuerpo.

La mirada espiritual

Lo mismo sucede en el mundo espiritual. Para poder empezar a ver espiritualmente usted necesita tener al Espíritu Santo. Él le comenzará a enseñar. No es una receta o fórmula; Él tiene la multiforme manera de enseñar (1 Pedro 4:10). Una de nuestras metas es llegar a ver con nuestros ojos espirituales.

En la Biblia tenemos muchos ejemplos. Uno de ellos fue Moisés, que cuando las circuns-tancias fueron adversas desde su nacimiento (Éxodo 2:3), la mirada espiritual de sus padres le ayudaron a sobrevivir al mandato del Faraón de matar a todos los niños menores de dos años (Hebreos 11:23). Ya grande llegó a salir de Egipto con un cuarto de millón de judíos.

La Palabra dice en Hebreos 11:27: «Por fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible». La Biblia no sólo usa la palabra «ver», sino «ver al Invisible», algo imposible para el ojo físico.

La mirada espiritual en fe produce hombres y mujeres que retan a la razón humana.

¿Se preocupa por no poder mantener a una familia de diez? Pues Moisés, con su mirada puesta en Dios, mantuvo a más de 600 mil personas.

Esteban, otro personaje bíblico, fue el primer mártir de la iglesia primitiva. Injustamente fue juzgado (Hechos 6:9-15), fue llevado afuera de la ciudad y apedreado hasta morir. Pero antes de su muerte, pasó algo que quedó grabado en la historia para siempre. Dice Hechos 7:55 y 56: «Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”».

¿Qué mira usted en las peores circunstancias de su vida? ¿Mira la muerte, droga, el hambre, soledad, alcohol, desastre en su matrimonio? ¿Siente que no hay solución para su vida?

¿Que vio Esteban antes de morir? Sus ojos estaban puestos en lo invisible, que para él era perfectamente visible. ¿Qué era visible? Jesucristo puesto de pie en los cielos.

La única vez que usted pone su mirada al cielo es cuando se va a dormir, pero no pasa del techo de su recámara. Le animo a que comience a mirar más allá del techo y haga esta oración: «Jesucristo, Hijo de Dios, ven a mi vida, yo quiero mirarte y conocerte. Amén».

Créame, si la oración es sincera usted comenzará a mirar diferente.∞

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