Tocando el manto de Jesús

Por: Mauricio Dell’Arciprete

Seguramente en tu infancia habrás jugado al famoso juego de persecución conocido en Argentina como “la mancha”, donde el que “la lleva” tiene que procurar alcanzar y tocar a los demás participantes.

En momentos de gran necesidad, a veces nos sentimos como el niño de ese juego. Tratamos de alcanzar desesperadamente nuestro milagro y, al igual que la mujer de Marcos 5:25-34, sabemos que si tan siquiera lográramos tocar el borde del manto de Jesús, nuestra oración sería contestada.

¿Y qué significa espiritualmente tocar el manto de Jesús?

Echemos un vistazo a la simbología bíblica del manto, y descubramos algunos elementos característicos del ministerio de Jesús:

1. Su Palabra. Como todo judío, Jesús usaba un manto conocido como Talit. Es una pieza de tela sin costura, usada sobre la túnica en forma de chal, que en las cuatro esquinas lleva unos flecos llamados Tzitzit. Estos flecos tienen una determinada cantidad de nudos que representan las 613 leyes mosaicas (Números 15:37-41; Deuteronomio 22:12). Así que, cuando la mujer tocó el borde del manto de Jesús, lo que tocó fue el Tzitzit, que representa la Palabra de Dios.

Hoy en día nos acercamos a Jesús deseando que nos sane, nos liberte y nos prospere. El Espíritu Santo está deseoso de llevarnos a tocar el borde del manto espiritual de Jesús. ¿Sabes cuál es? La Biblia. Al leerla, meditarla y aplicarla, encontramos fortaleza en medio de adversidades (Mateo 7:24).

2. Su Presencia. El Talit se usa como manto de oración. Se coloca sobre la cabeza y se juntan las cuatro esquinas una contra otra, formando una “tienda” donde la persona “entra en la Presencia de Dios”.

Pero no debemos confundirnos. Lo importante no es el manto, sino lo que representa. El Talit simboliza el monte de oración, recordándonos que debemos vivir cada día en comunión con Dios. Y como resultado de habitar en su presencia y vivir según su palabra, Dios nos bendice y nos protege (Salmo 91).

3. Su Compasión. Mucha gente seguía a Jesús, y muchos tocaron su manto, pero cuando la fe de esta mujer activó el poder de Jesús, Él se dio vuelta y con amor preguntó: “¿Quién me ha tocado?”.

Jesús no se molestó. Jesús no se enojó. Jesús sólo quería honrar la fe de esta mujer. Jesús no es insensible a la necesidad y al dolor; Él está dispuesto a intervenir en nuestros problemas y hacer un milagro.

Cuando esta mujer se identificó, lo primero que hizo Jesús fue restaurar su identidad, su dignidad y su autoestima al llamarla “hija”. Ese fue el milagro más grande.

Hoy Jesús nos mira a los ojos y nos llama por nuestro nombre. Él nos anima y nos levanta. Dios nos llama hijos; nos pone en el lugar de herederos y coherederos en Cristo Jesús (Romanos 8:17). Él quiere y puede transformar nuestra vida; solamente debemos creer en Él, aceptar su voluntad, confiar en Él y seguirle por siempre y para siempre.∞

 

3 comentarios en “Tocando el manto de Jesús

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