Escuchemos de Dios

Por: Vicente Pérez.-

La Palabra de Dios nos anima a orar. Sin embargo, la oración parece ser nuestra última prioridad. No porque creamos que no es importante o porque no hayamos visto sus efectos, pero tomamos la oración como un “tener que”, como si fuese parte de nuestra lista de “cosas por hacer”.

¿Pensamos acaso que Dios ve nuestro tiempo de oración como nosotros lo vemos? ¿Creemos, tal vez, que Dios sólo se conecta con nosotros durante nuestras bendiciones aceleradas en las comidas o en oraciones casi inconscientes de “colchón”? Si eso es todo lo que le importamos a Dios, entonces estamos en peor situación de lo que pensábamos.

¡Dios quiere hablarnos! Pero, ¿podemos realmente escuchar de Él? ¿Quién necesita escuchar más, nosotros o Dios…? ¿Será que Él, quien nos creó tiene la necesidad de escuchar de nosotros? o ¿somos nosotros, seres humanos dependientes, inciertos, insuficientes, necesitados, quienes necesitamos escuchar de Él?

¿Quién necesita a quién en esta ecuación?

Cuán presuntuoso sería pensar que Él necesita nuestras oraciones. Yo necesito a Dios. Necesito oír siempre de Él… No porque soy un pastor, sino simplemente porque soy un ser humano.

Dios nos invita a la oración, a escuchar de Su voz porque sabe que lo necesitamos. Él quiere hablar con nosotros, guiarnos, aconsejarnos. Él quiere amarnos a través de la oración. La oración NO es para Dios, ¡es para nosotros! 

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste Su voz? Sí, ¡Su voz! ¿Por qué no simplemente tratas de hablar con Dios como si estuvie-ras a punto de entablar una conversación con ese amigo que conoce todos sus secretos? ¿Por qué no empiezas a hacerle preguntas reales y, literalmente, esperar una respuesta? ¿Por qué no abres Su Palabra y le dices: “Señor, ¿puedes realmente hablar conmigo a través de estas páginas que a menudo encuentro confusas”?

Su voz es tan real, tan audible y tan clara como la dulce voz de Su Hijo en la tierra hace dos mil años.

Todos queremos participar en conversaciones sobre política, economía o sobre la última moda. ¿No deberíamos participar en una conversación con el que realmente puede afectar nuestras vidas?

Tu Padre quiere comunicarse contigo. Jesús, el amigo que dio Su vida por ti quiere susurrarte al oído. ¡El Espíritu que habita en ti quiere hablarte!

Me pregunto si es momento de cambiar la invitación “inclinemos nuestros rostros en oración” y decir “inclinemos nuestros rostros y escuchemos de Dios”. ¡Que Dios te bendiga con Su voz! ∞

 

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