Vasijas siempre llenas

Por: Pastora Dora Quirarte

¿Alguna vez te has preguntado quién era Elías?

La Biblia nos habla de este profeta de Dios que realizó múltiples prodigios.

Lo más interesante de esta pregunta es lo que ha generado en los estudiosos de la Biblia y que se han apasionado por conocer la biografía de este profeta bíblico. Por ejemplo:

Eduardo E. Mancilla Reyes publicó una nota donde decía que «Elías “Tisbita” era un hombre que se crío en el desierto, fue abandonado por sus padres, era analfabeto (por eso ningún libro bíblico escribió), pero creía y daba la vida por Dios de tal forma que Dios no quiso que conociera lo que era pasar por la muerte física y lo llevó al cielo en una carroza de fuego».

Otros eruditos dicen que Elías, según la Biblia, fue un profeta hebreo que vivió en el siglo IX A.C.

Con relación a lo que dice 1 de Reyes 17:1, donde se llama a Elías «tisbita», algunos eruditos dicen que era oriundo de Tisbé, una región al Norte de Galilea. Sin embargo, el teólogo erudito Adam Clarke sugirió que Elías provenía de Galaad(*), más allá del Jordán, en la tierra dada a la Tribu de Gad. 

Quienquiera que tenga la razón en cuanto a su procedencia geográfica, es evidente que «tisbita» se refiere al lugar de donde provenía el profeta.

En el primer libro de Reyes 17:3, el escritor refiere que Elías pudo esconderse sin peligro de los comerciantes o viajeros casuales. También, se habla que era un lugar desolado en el que no había vida animal y donde Elías dependía completamente del Señor para su sostén.

En este pasaje se nos describe un suceso sobrenatural pues menciona que los cuervos lo alimentaban de mañana y tarde. Buscando un poco sobre este acontecimiento, encontré un dato muy interesante en cuanto a quién lo alimentó. Hay quienes insisten — desde la perspectiva racional y como una manera de quitarle la gloria a Dios— en que el término “cuervo” es un error de traducción y que debería decir «mercaderes o comerciantes»; pero el escritor bíblico sugiere de que se trataba de un cuidado milagroso, mas que un intercambio entre Elías y otros hombres

Así pues, el profeta Elías sigue siendo motivo de investigación muchos siglos después de su existencia; y no está de más, pues estamos hablando de uno de los profetas más grandes en la historia de Israel y de todos los tiempos. Elías es uno de los pocos profetas con una dimensión espiritual impresionante.  

Él, con todas sus “limitaciones” hizo cosas increíbles que no encajaban, y encajan, con la lógica humana. Por ejemplo: tuvo el poder de levantar a los muertos; traer fuego del cielo; hacer que la lluvia no cayera; que las tinajas de harina y aceite no quedaran vacías; y, la que marcó a toda una ciudad para creer que Dios era el dios verdadero, fue que eliminó a los más de 800 profetas de los dioses falsos: Asera y de Baal, que distorsionaban el corazón del pueblo y evitaban que la nación entera cayera de rodillas ante el único y verdadero Dios.

¿Cuántos de nosotros nos hemos visto intimidados por nuestras limitaciones? El profeta Elías, siendo un hombre disfuncional Dios lo usó de una manera sobrenatural haciendo milagros y convenciendo a toda una nación de creer que Dios era el verdadero.

Todos nosotros somos de una manera o otra disfuncionales pero aún así Dios puede usarnos sin importar nuestras limitaciones; así que si Dios lo hizo con el Profeta Elías también lo puede hacer en nosotros.

(*) Galaad es una región de Gad y Manasés al oriente del río Jordán. Se estima que Tisbe estaba cerca a Wadi Chorath la cual se encuentra al oriente del río Jordán, al norte de Jabes de Galaad, en la región montañosa de Galaad.

La ofrenda que agrada a Dios

Génesis 4:1-7

Por: Pastora Dora Quirarte

Dice la palabra de Dios que conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín; después dio a luz a Abel. 

Abel fue pastor de ovejas y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y Abel trajo también, de los primogénitos de sus ovejas, lo más gordo de ellas; y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.     

Dios no hizo excepción de personas en estos dos hermanos. Tampoco despreció la ofrenda de Caín y estimó la ofrenda de Abel; solo no le agradó la ofrenda. Lo que Dios está tratando de enseñarnos no es el cuál de la ofrenda, sino el cómo. Es decir, Jehová miró con agrado la ofrenda de Abel porque era lo primero, era algo dedicado, era algo separado, era algo que Abel había invertido tiempo y dedicación. 

Haciendo una paráfrasis de la historia, Abel escogió la ovejita más tierna, la más pura; y la cuidó, la alimentó con mucho cuidado para luego traerla como ofrenda a Jehová. En cambio, Caín solo recogió la cosecha sin tomar en cuenta que se asegurara que fuera la primera que había sembrado, lo más apetecible a los ojos, lo que no estaba dañado, etc.

La historia tiene un desenlace fatal. Dice la Biblia que Caín se llenó de envidia y celos al ver que Jehová había visto con agrado la ofrenda de su hermano Abel; entonces en el capítulo cuatro, versículo ocho, del libro de Génesis, nos relata lo sucedido: «Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató».

Esta historia tiene varias enseñanzas poderosas, pero me gustaría centrarme en una en particular que considero pertinente compartir: debemos cuidar que la envidia y los celos no tomen control de nuestro corazón porque poco a poco podrían matarnos sin darnos cuenta.

El Dr. Moody decía en una de sus Anécdotas que «había dos águilas. Una de ellas podía volar más alto que su compañera y a esta eso no le gustaba nada. Entonces, la menos capaz habló un día con un tirador y le pidió que derribara a su rival. El tirador le dijo que lo haría si tuviese plumas adecuadas para sus flechas. Entonces el águila arrancó dos plumas de sus alas y se las entregó. El cazador disparó sus flechas, pero no alcanzaron al águila, que volaba demasiado alto. La compañera envidiosa siguió arrancándose las plumas hasta que al fin se sacó tantas que no pudo volar, y el cazador la mató». Al final de la anécdota dice el Dr. Moody: «Mi amigo, si sufres de envidia, la única persona a quien harás daño es a ti mismo».

Me gustaría cerrar, querido lector, recordándote entonces que la ofrenda que agrada a Dios es la primera; la pura; la que sale del corazón —donde no hay lugar para los celos, ni para la envidia—; la dedicada y apartada para el Rey de reyes y Señor de señores.

Los invito a que a la hora de dar algo a Dios, le demos lo PRIMERO.